viernes, 19 de julio de 2013

Calor de mujer.




No sienten mis huesos la escarcha, la humedad de la sórdida noche, no hierve mi sangre ante el clamor que empuja el aire, ¿Habré muerto o, es la desidia quien viste mi cuerpo?
La monotonía que resta instantes, oscura y confusa jauría de rumores en los que oculte mis temores, de envidias corrompidas, de largas pesadillas.


Abre el sol el horizonte, da calor a la vida, color a la distancia, suenan campanas desde el eco que llama a la calma, abro el pecho como la rosa. Roja de esperanza, inmensa de belleza, pétalos entre mil letras. Regresa el aliento, el latir de mi cuerpo, por fin lo siento, caliente, radiante.


Por fin amor mio. Vuelvo a estar con tigo en este rincón escondido, donde la locaura me grita al oído, liberada de complejos, de cerrados laberintos, susurros infinitos que rozan en abismo, mientras clavo mis rodillas ante la paz y la vida.