martes, 16 de julio de 2013

Descerebrados sin alivio justificado.




Otra vez, y ya perdí la cuenta.

Mis manos sangran al expresarme desde el odio que se me inyecta, rabia, asco y pena.

De nuevo, se permite agredir contra la vida,

el estúpido talibán de turno, por sus santísimos cojones absurdos.

Con vara de avellano y firme brazo, les sacaría a palos el conocimiento que como humanos han de tener por algún lado, ojos, pieles.

Esbozos del despojo más vergonzoso.

 

 

Gentucilla de podrido argumento,

asesinos al capricho de un dedo tieso,

imponiéndose como ejemplo desde su propio complejo,

alejando la cultura y el razonamiento que pide un pueblo mientras tiembla bajo la opresión egoístas de sus pasos,

sacrificando hijas vecinas, niñas de polvo y yedra, mujeres en la lucha que no se resigna, ante el encierro de sus tristes vidas,

ajenas y frías.

 
 

- Dedicado a Malala Yousufzai, niña de 14 años pakistaní, cuyo pecado fue pedir educación para la mujer.