miércoles, 16 de agosto de 2017

Sangre, tierra y vid.




Llora la tierra bajo nuestras piernas,
la misma, que grita orgullosa
entre mis manos labriegas.

Manos… fuerza que sin pereza
hacen del alma honra
y del día, pasado, nunca tristeza.

Secanos e hileras recorren mis manos
como la sangre las venas.
Y como ellas, viejas y sabias,  
viñas de acero y piedra.

Bajo el sol, bañado por el viento
donde nace el sarmiento,
deambulo armado por el mayor de los silencios.
Con la esperanza, con el respeto,
donde enraízan estos, mis sentimientos
más claros y honestos.

Sangre, tierra y vid
de un solo pueblo y  mil cosechas.
Sueños, esperanzas y desvelos,
del caldo que entre los labios se hace cielo.

Y al hombre, a este hombre,
roba del cuerpo al alma,
esqueleto, nombre y palabras.

lunes, 14 de agosto de 2017

Fragmento de poema.



...La ignorancia de nuestro pasado
nos hace partícipes de la verdad
que aún niegan muchos por los cojones  
de su santísima voluntad.
Creando en torno suyo monstruos
sin escrúpulos y futuro,
que cuan analfabetos del blanco y el negro,
encuentra en su paz enemigos...

sábado, 12 de agosto de 2017

12 de agosto de 2017





Un año de silencio,
de mirar a todos lados.
Un año sin que los cafes sepan a lo mismo
ni las charals valgan algo.
Trescientos y pico días
sin tu talento en el centro,
donde ni las viejas calles, ni el resto de voces,
ni el olor a las mañanas... tampoco el de las noches,
hacen justicia al amargo vacío de las historias
que fueran y ya no se escuchan. 

A mi capitán del tercio viejo de las Españas,
al truán y al caballero de la pluma, el bigote y el chambergo. 

Es tantisímo lo que aún te echo de menos,
que infinito se me a hecho este primer año 
en el que para verte
he de acudir al cementerio.
Donde ya nada es lo mismo,
donde ya nada es sincero, donde ya nada,
parece recorrer mi cuerpo. 

He vuelto a leer tu libro,
aquel a título póstumo.
Mientras lo hacía me pareció escucharte
a apenas unos centímetros. 
¡Joder Manolo!
Como se te añora, y solo ha pasado un año,
un año, que no ha emborronado,
ni el recuerdo de tu mano. 

Con estas lineas no quiero celebrar este aniversario,
tan sólo, conmemorarlo,
pues es de justicia que a los grandes jamás se les olvide,
ni en el pueblo de donde son, 
ni entre la gente que les quiso y quiere. 

A la memoria de mi amigo D. Manuel Vicente Segarra Berenguer.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Sueño, y lo hago, porque quiero soñar.




Sueño, porque ya aprendí a morir.
¿Con qué libertad me preguntas?
Con la que yo siempre di.
Pues sería indigno cerrar los ojos sin
haber sabido distinguir
de toda aquella chusma,
quien sin gritar y sin pedir,
me hizo sentir y logró hacerme reír.

Sueño, porque hoy,
es lo poco que de sincero tengo
y entre los dedos atesoro.

Es posible que tenga que hacérmelo mirar,
pero también lo es que por ello,
puedo presumir y gritar
sabiendo que a nadie ofendo y a nadie miento.

No me corre el miedo por dentro
como si lo hace la vergüenza por fuera.
Soy humano, o creo serlo.
A veces, ni claro lo tengo.

Sueño amigo mío, sueño.
Ya se que es poco,
pero es mío y a nadie imploro,
cuando encierro estos ojos llorosos 
y allí adentro, 
nos quedamos tu y yo solos.