domingo, 7 de julio de 2013

ABATIDO.






Tristeza

por días más y más fiera,

se fija en mi descalzo caminar,

ignorante y completamente abatido,

no comprendo pese razonarlo,

una, y otra, y otra vez más,

porque permanecemos callados.

 

Se levantan voces lejanas,

de polvo y arena,

pueblos y países de libertades muertas,

justificados en religiones

impregnadas de horrores,

pidiendo para si

el respeto negado al universo,

en la siembra de sus pastos abiertos.

 

Miramos a otro lado,

chistamos y regañamos

a quines estando pegados,

osan criticarlos,

dejando encarcelada la libertad

de la palabra,

aun cuando se tiña de sangre inocente

su absurda represalia.

 


Me oprime la impotencia

de un buenísimo ridículo,

el que permite asesinarnos

cuerpo y mente,

si no damos el rodeo,

ante un Dios

que por capricho de sus cojones

se nos impone.

 


Cuan simple el humano,

que aun precisa justificarse

como motor de decisión,

personalidad y valor,

en ruines interés

para seguir odiando,

insultando, matando,

exigiendo gracias a la retorcida imposición

del miedo.

 


Que triste y amargo,

este gusto extraño

al que llaman ignorantemente racismo,

cuando tan solo

es una opinión que no se esconde hipócritamente,

contra el  absurdo

que encierra una libertad ganada,

en  el recorrido de una historia

que nunca facilito nada.

 

Que triste,

que se pongan fronteras a la opinión,

infantiles rabietas de radicales descerebrados,

criaturas limitadas de influencias

impuestas a fuerza de minarles la conciencia.

Que triste,

permanecer con la lengua atada

y los ojos cerrados,

mientras se destroza la coherencia

 a nuestro lado.



*Mientras la fe se pague con sangre, la tierra no será libre de tiranía*