miércoles, 15 de noviembre de 2017

Palabras vacías.




Palabras planas son todas aquellas que se amontonan en el alma
como lo hace la mismísima pena en cualquier campo santo,
son esas que sin uña se agarran para decir siempre lo mismo,
las que no gritan por evitar molestar en los oídos,
las que nunca flotan y pese llamarse buenas, jamás perdonan.

Y yo, yo no quiero llenar mis huecos de ellas,
yo lo que quiero es que al levantar los brazos el aire los mueva
con la misma liberad que han de moverse aquellas otras palabras,
que a medias o eternamente completas,
salen sin ser medidas y, sin ser medidas,
caminan en busca de la realidad, de su esencia.

Las palabras planas son las que dicen, y dicen,
pero aburren hasta las piedras, que duras como el abismo de su miseria
se dejan perder como se pierde la tierra, entre aquellos ecos
que sin quererlo perecieran en bocas y manos mudas de ellas.

Hoy, al salir a la calle el frío me acarició la nuca,
me he subido la solapa de la chaqueta, y ese frío,
como si jamás existiera, ha desaparecido como con la muerte
lo hace aquella dura pena, al sentir bajo sus alas 
palabras que quisieran y nunca lo fueran.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Casi siempre...




Casi siempre nos vestimos tanto por fuera como lo hacemos por dentro,
porque aun cuando no lo queramos reconocer, tenemos miedo.

Miedo, a ser distintos, a que vean a través de nuestras alas de cristal y tiempo,
todo lo que somos, lo que queremos, lo que rezamos.
Rara vez sentimos el aire en la cara por culpa de la mascara
con la que nos mostramos al mundo, sin que a este, le importe eso mucho.

Somos todo lo que ocultamos y casi nada de lo que ensañamos,
porque pensamos que así la vida nos será más fácil.

Con la familia y en torno a los cuatro amigos, gritamos,
porque es allí, y solo allí, donde por fin nos despojamos de ese disfraz
oscuro que nos colocamos,
y todo, porque creemos que pensamos.

Y por eso, por no nos molestarnos en ser quienes somos,
morimos encerrados donde nadie cabe, donde nada queda, donde la vida así mismo,

 despacito, despacito… se entierra. 

miércoles, 8 de noviembre de 2017

la picha y sus cosillas.


“El que tiene la picha más larga es el que más folla” esta frase del tipo símil del genero bravuconada empresarial, la he escuchado decir en demasiadas ocasiones a esa gente prepotente y cortita, por lo normal, empresarios del tipo chichinabo, a veces incluso, ni a estos, sino a sus encargaditos. Demostrando hasta qué punto el tonto se supera con el tiempo. Lo penoso de esto, ya no es lo ridículo de la frase en sí misma, si no, el total desconocimiento del que lo dice a boca llena, sobre que, hasta los que la tienen pequeña, follar, follan. ¿Menos? es posible, pero follan. En fin, el increíble mundo de la picha, ese colgajo que pese carecer de sesos, anda tan peligrosamente cerca de los huevos, que a lo mejor por eso… a lo mejor por eso.  ¡Ay, ayyy ay! si les contara lo que yo con esta modestia que me cuelga he sido capaz de follar... las manos a la cabeza se echarían todos aquellos que tan larga la tienen, fijo, pero que vamos, fijo, fijo. 

lunes, 6 de noviembre de 2017

Hilando decepciones.





Me duele
la desbordada ignorancia,
el déspota atrevimiento.
Me dañan no pocas palabras
arrastradas en su concreto tiempo.

Me duele,
duele muy dentro,
el homicida descaro
con que se apuñala
a los desahuciados.

Sin  coherencia merecida
tragamos lo que una
Europa lejana y egoísta
dicta caprichosa.
Mientras que en casa
nos venden el alma
disecada y podrida
con el polvo de la avaricia
y la mentira.

Un trabajo para vivir,
para pagar y tratar de estar en paz.
Un techo que permita calentar,
unos minutos donde reír,
donde soñar y cantar.

¡Tan difícil es!
¡Tan irracional!

Cuan calentitos van aquellos
que en sus peldaños de oro viejo,
ni ven los ojos a la pena, ni son capaces de notar el alma
mientras su pueblo sin trabajo ve perder el hogar
que antes fuera del padre y la madre que ya no están,
y por lo menos, se evitan llorar.



2º Premio de poesía categoría 3 (adultos) en el XX concurso fiesta internacional del trabajador.






martes, 31 de octubre de 2017

De mi próxima novela. De azul turquesa a verde. Que sera erótica y puede, que algo más.




...Yo no he sido nunca de poner nombre a mi polla, ¿estoy orgulloso de ella? Mucho, pero de eso a bautizarla… creo que ponerle nombre es un horterada casi tan gorda, como poner en el culo del coche tu nombre y el de ella. Tengo amigos que si, el que no la llamaba terminetitor, la llamaba predeitor o hermanito salvaje. Por originalidad se salvaban Isidro y Toño. El primero la llamaba Calimero y el segundo Damián. Jamás supimos lo de Damián a santo de qué, y es que Toño para algunas cosas era muy suyo. Yo nunca salí de polla, cipote, picha, pene o badajo ¡vamos! lo normal. Lo normal,  y creo que más que suficiente para algo que al fin y al cabo, es lo que es y da para lo que da. Que fue bastante, es posible, que hasta mucho… me refiero a lo que a mí por lo menos me dio de sí. Y aunque cada día es menos, algo me sigue dando de sí. ¡Benditas pastillitas! Donde más servicios me cubrió y con un éxito arrollador, me atrevería a decir, que hasta sacando matrícula de honor. Fue en mi primer coche, un maravilloso Seat 1430 de tercera mano con el techo blanco y el resto en un preciso azul marino. Aquel bicho tiraba de lujo y su espacio era magnífico, atrás podían follar tres o cuatro sin problema. Aunque mejor se follaba en el Seat 1500 de mi viejo, pero cualquiera se lo pedía para manejarse con una niña allí adentro. ¡Joer! pues no era nadie papá para con la limpieza de su coche. Si se te caía un pelo, lo encontraba, y si el color o textura distaba de los de la casa, era capaz de interrogarnos uno por uno hasta averiguar cómo aquello pudo llegar allí. Quita, quita, mucho mejor en mi propio carro. El coche para un hombre, o por lo menos para cuando uno empieza a notarse hombre, es como su castillo, tú entras allí dentro, cierras la puerta, ¡y che!, el amo del mundo. Si encima llevas musiquita de la buena, buena. O sea, de los setenta y ochenta… como mucho, mucho, primeros de los noventa. ¡Búa! ¿ qué más? Anda que no habré chingado yo a ritmo de Fangoria...

lunes, 30 de octubre de 2017

Artes marciales.



Porque si, las marciales, son un arte.



El saber defenderse, que no agredir, es un derecho de todos y, en muchas ocasiones, más de las que seria lo ideal, una bendición que nos puede evitar algún que otro disgusto. Cuando la gente que nunca ha practicado alguna de las muchas disciplinas que componen las artes marciales escucha hablar de estas, tiende a imaginarlas como algo inalcanzable, lejano. Algo, tan solo al alcance de los que llevan mucho practicándolas, a los que por lo normal tendemos a imaginar como gente fuerte y muy, muy deportista.

A ver, una cosa es tener unas nociones básicas de defensa, y otra muy distinta, es practicar este deporte de manera continua. Ejemplo, a muchos nos agrada la cónica y no esta en nuestra intención trabajar de chef en la vida. Pero ¿a que mola saber moverse entre los fogones? pues el mismo gusto da saber como actuar ante una agresión. Y para eso, no es preciso ser un maestro en las artes marciales. 



Cada día más, asociaciones de amas de casa, de padres de alumnos e incluso vecinales, apuestan por contratar a un profesional de dichas artes para impartir algunas clases y ofrecer consejos a quienes sin practicarlas de manera continua, incluso, personas que no hacen ningún deporte, quieren saber que hacer en según qué circunstancias. A fecha de actual y por menos de 30 euros, todos tenemos en nuestra mano la posibilidad de aprender las nociones básicas que podrían marcar la diferencia a la hora de evitar un mal trago. Y es aquí, porque le conozco y me parece tan grande como persona como profesional, donde voy a hablarles de D. Matias Luque. Cinturón negro 2º Dan e instructor internacional de Okuden Kyusho Jitsu. Instructor de B.T.C Self Defense (Bolígrafo táctico de combate). Monitor de Kali/Eskrima/Arnis y cinturón negro de Aikido.



Matias lleva dedicándose profesionalmente al mundo de las artes marciales 20 años, regenta la academia "Okuden Academy" en la vecina localidad de Santa Pola, impartiendo clases de todas sus especialidades y, ofreciendo de manera puntual talleres de defensa personal.  VIDEO

Si tenemos claro que para saber defenderse no siempre el musculo es lo primordial, ya que con algo de cerebro (que viene de serie), y técnica, que una vez que se sabe se puede practicar en casa. Me da, que ya no hay justificación que valga que nos impida aprender ese poquito que nunca se sabe cuando o porqué, nos puede hacer tanto bien. 

https://www.facebook.com/okudenacademy/?ref=br_rs 

Ese es el enlace por si les atrae la idea para contratar clases particulares, o porqué no, para organizar algún curso en su comunidad de vecinos, colegio o asociación. 

domingo, 29 de octubre de 2017

¡Che! ¿Y si nos vamos yendo un poco así, como a la puta mierda?


No cabe, ni  en la cabeza de conocimiento contado y justo,
otro final que no pase por diñarla el día que menos te vas a pensar.
Pese a ello, somos tan sumamente gilipollas
que nos seguimos llevando mal,
cuando tan sólo, hay una oportunidad.

A ver quién es el listo que me dice lo contrario
viendo el mundo como esta,
lleno de gallitos mal paridos cuyo fin es asesinar,
por esa fe ridícula que hace del extremo voluntad,
y al vecino. Rival, salvaje y criminal.

¿Que me dicen del fútbol? deporte nada más,
que nos inyecta en la tripa aquello que es de todo menos imparcialidad,
dando al tonto alas para sentenciar,
al que golpea la pelota en dirección distinta
o al que con un pito hace empezar, y hace parar.

El mundo de cada uno terminara por igual, en un soplo de aire,
pero eso da igual, mientras hay vida hay esperanza,
y odio, maldad, envidia, ignorancia, y cosas a las que follar.
Así pues ¡jodamos! Jodamos al de enfrente, que morir, morirá,
pero que lo haga antes y peor... ¿consuelo de tontos? si, pero consuelo. 

Con tanto ombligo hinchado y tanta razón sin meditar,
nos seguiremos matando por aquello de adelantar
lo que sin duda, nos ha de llegar.
Porque la vida es fantástica y, la naturaleza con toda su inmensidad,
pero el hombre es idiota y da para poco más,
que aprender a sacarse los mocos con la mano que no le han de cortar.

Es posible que no se me note,
pero estoy cansado de tanta gilipollez sin depilar.
La vergüenza me somete según madura mi edad, y en ella,
atado de pies y manos, a bien solo mi lengua dejan andar,
hacia aquellos inclinados acantilados donde el fin no comienza
y la muerte viste igual, al idiota con corbata que al listo con alpargata.