domingo, 18 de febrero de 2018

Gloria.





Gloria,
gloria al hombre,
a la mujer,
a la tierra.
Gloria,
a la vida y aquella
muerte primera,
al cielo, al agua,
y al resto que no entierran.
Gloria,
a la capacidad de querer
y perdonar,
al arte de ser
sin molestar,
al fin donde se comienza.
Gloria,
a esas venas que sin gritar
nos riegan
y sin callar
alimentan,
sin que nadie
les ofrezca
y sin que lo que no es,
sea.








viernes, 16 de febrero de 2018

Un gran día.





Encerrado en esta bacanal de tiempo prestado a la que llamamos vida, oportunidad para fragancias que se limitan. Rendido, sin lograr aprender nada aun cuando no falto interés, ni siento al poder, ni siento al sin ser.


Cuando solo son mis letras
libres de razones e ignorancias,
reconforto mi pobre e indecisa alma
buscando donde no queda nada,
la calidez del amor en esa larga espera
que tanto miente y tanto exagera.


La vida… impresionante para unos, desgarradora para todos, amarga en mano de la mayoría. Es un espacio corto  donde plasmar los brincos y las caídas, donde sincerar los besos. Donde la mentira que se pinta, desgraciadamente, se hace razón y verdad.


Inviernos, primaveras,
veranos y otoños,
uno tras otro,
invariables y respetuosos,
desfilan sobre el brillo emocionado de mis pupilas.
Mudo de envidias, optimista de esto llamado vida,
continuo con los paseos bajo el sol y frente la luna.
Donde, sin la paciencia de otros,  
hago tristes esbozos mientras señalo con los ojos
y maldigo con las muelas.


Me alimento de olores y bien venidas, creyente de lo que veo y palpo, dejo la fe de lado con la fuerza de voluntad, que jamás falto en mi costado. Decido pese mis dudas, logro arrancar sabor a la vida al rodearme de cuanto amo, alejado de hipocresías, sabido de que hoy, será un gran día.






sábado, 10 de febrero de 2018

Historias de miedo.






Como el azul de las venas se espesa la tierra,
haciendo del hombre una fea calavera.
El que no miente señala, y el que no señala,
con avaricia mal paga.

Varices qué de las pelotas al cuello
estrangulan mi porvenir y estrangulan mi aliento,
son como dedos negros, rectos y obscenos,
que ni piden perdón ni dibujan sosiego.

Dicen, hablan, murmuran ¡gritan!
fiambres pegados a escaños de terciopelo.
Hombres sin nombre y damas extrañas
que cuan lapas fijan sus dientes y uñas largas,
a esa sombra que huye de la cama
como lo haría la puta al terminar jornada.

No os escucho la voz, ni os noto el alma,
tras de esos ojos oscuros y sin mirada.
No os riega la sangre la gana,
como para vivir queriendo y lograr morir perfecto.

Venas, que cuan serpientes me reptan las entrañas,
hacen de mi carne arco y de los huesos afilada flecha.
Soy más guerra que remedio, así me habéis hecho,
con esas historias de miedo que padecen tanto los viejos.


domingo, 28 de enero de 2018

Arreglando papeles.





Soy demasiado gandul y caballero para follar sin un poco de mucho egoísmo, por eso es por lo que llevo años prefiriendo una mamada sin prisas, recostado y sin quitar ojo al trabajo, a cualquier polvo bien dado. Me lo paso genial con el mínimo esfuerzo, jamás quedó con ganas de más, y no me meto ninguna presión por ser lo más de lo mejor. 

Dos mamadas por semana es lo justo, aunque sueñe con cuatro y me conforme con una, nadie dijo que la vida fuera fácil, o eso es lo que se dice. Así pues, una mamada ¡ojo! sin final feliz para las ocasiones, y con suerte un par de polvos rápidos a lo largo del mes, para eso he quedado. ¡Pero que oye! Por soñar… ¿verdad?

Tengo un amigo que cuando tratamos tan delicado tema, enseguida se pone gallito cuando de todos es sabido que si mueve el rabito es porque su Juani le dice pichi, de lo contrario, ni lo mueve ni lo muestra.  Ser chulo es una cosa y echarle huevos otra bien distinta. Todos podemos ser chulos cuando multiplicamos el número y sabemos que si nos rozan la cara un ejército a nuestras espaldas les dará la del pulpo. Pero en el caso de su Juani, ni con ejército ni sin él. Hay es cosa de huevos, muchos, los que el bocas de su marido, mi amigo, ni tiene ni sueña. 

Hace… sobre seis o siete años, mis suegros se quedaron con Raulito y la mujer y yo nos fuimos de parranda, se casaban los últimos solteros de la pandilla y era si o también quemar ese cartucho. Mi Clara se cogió una buena, poto al salir del restaurante, en el ascensor de casa y en la habitación cuando se despelotaba. El olor a agrio no fue impedimento para ella, a la que jamás había visto tan fuera de sí misma. Se puso a lo perrito encima del edredón de la cama y me pidió que la follara, deje el cubo con la fregona en la galería y regrese a la habitación como en las películas, dejando la ropa tirada por el pasillo.

Al entrar en la habitación la mujer se había colocado boca arriba y se estaba haciendo una paja… ¿Lo pueden creer? A mí aún me cuesta, ¿mi Clara masturbándose? ¡En la vida! Aquello me puso tan cachondo que las venas del pene parecían pintadas con grueso rotulador indeleble. Clara estaba desatada y eso o se aprovecha, o quién sabe si no me moriría con ciertas carencias. 

De un brinco subí a la cama cayendo en esta de rodillas, lo que hizo que ella botara y se cagara en la puta, pero ná, enseguida me tiro mano, me la agarro bien agarrada y se la metió en la boca con tanta ansia que casi vuelve a echar la pota.  Era magnifico, mientras la chupaba me hacia una paja con una mano y con la otra me masajeaba las pelotas. -Algo así solo pasa en las películas- recuerdo que pensé.  Aún me empalmo al recordarlo. 

Tenía los ojos retorcidos de gusto cuando volvió a ponerse a lo perrito y me grito –por el culo  puta- de la emoción casi me cago. La traje hacia mí por las caderas, me cogí todo lo mío con la derecha mientras  le metía en el culo el pulgar de la otra mano por aquello de ir abriendo boca, ¡bueno! boca boca… se me entiende. De aquella guisa y con lo suyo algo más dilatado me coloque en cuclillas con un pie a cada lado de ella para llegar bien a lo que quería, guié lo mío con la mano y le metí la punta. Grito y pare, pero como no se aparto, tras unas eternas décimas de segundo continúe, sus gruñidos fueron de poco a más hasta ser insultos de lo más variado hasta terminar con un –animal, animal, animal- pero seguía sin quitarse, y yo, emocionadísimo como es de imaginar tras tantos años rogándole que me autorizar rebasar sin respuesta afirmativa. 

Cuando se la metí entera se cogió al cabezal y dijo algo así como que soy un puto cabrón de mierda. La verdad es que su actitud me confundía bastante, hasta que –FOLLAME COJONES- me sacó de toda duda y acelere como no recuerdo haberlo hecho más que en aquella primera vez.

Creo que es desde aquel día, que la vecina de arriba me mira mal, pero me la pela.

-No digas tonterías, que leches va a ser por eso- me decía Clara a la mañana siguiente cuando sin la cogorza encima y un escozor de culo de aúpa, se lavaba con agua fría en el bidet. 
-¿De verdad que no te acuerdas? Si gritabas como una perra loca, más, y más, y más, empuja, empuja.

Se me derrumbo el mundo a los pies, enseguida vi claro que para volver a repetir aquello, o un milagro, o hacer memoria exacta de lo que Clara había bebido la noche anterior, pero no, no hubo forma. 

sábado, 6 de enero de 2018

Moda.




Pasarela de pintadas cimas,
cadáveres repelados,
luces que ciegan,
malvada, ruin, embustera,
marca el perro la esquela.

Farsa de estaciones sin primavera,
en una sola mano,
sobre mil agujas,
in-sumisión de sabor,
caos e ingenuidad
bordados de color.

Descarnado pasaje de pasados presentados,
zapatos sin número,
pálido reflejo de otro mundo.
Mentira y tiempo
se envuelven en la vejez
de lo que fue insolencia
suspendida de vientos
y emboscada de tragedia.





domingo, 31 de diciembre de 2017

Trocito de la novela (por editar un día de estos...espero) De azul turquesa a verde.





...Ahora con mi edad resulta que soy un viejo verde, así me llama por lo menos Isabel, la niña del Palmi ¡menuda calienta braguetas la niñita los cojones! Cada vez que paso hacerme un café y me atiende ella, con esos escotes que se calza y esa pinta puta que Dios le ha dado y ella realza. Me dice lo mismo, y eso que yo, tan cortés como siempre,  sólo le digo, y por lo bajito. Que el Palmi tiene un pronto muy chungo y una oreja en verdad fina. El polvo que le metía. Pero que vamos, yo, y medio pueblo.  Y por ello me dice, por lo bajito también y con una sonría de oreja a oreja. Que soy viejo verde. Por lo visto uno solo pasa a ser verde cuando es lo suficientemente viejo como para que los pellejos, como las orejas y los huevos, cuelguen y hasta balanceen. Pero cuando uno es como yo y toda la vida ha estado tan salido… ¿de qué color era antes? Yo me decantaría que azul turquesa, aunque claro, claro, no me queda. Si, para Isabel, e imagino que para otras muchas, tan solo soy un decrépito viejo verde, y la verdad, me la suda. Anda que no le vino bien a Isabel este viejo verde hará ya para dos años, cuando me la encontré por la calle bastante apurada, diría, que hasta agobiada. La calienta braguetas tendría entonces unos veinte años y por lo visto le faltaban cincuenta euros para el teléfono móvil que tanto quería. Todos sabemos que el Palmi es del puño cerrado, pero cerrado, cerrado. Vi la oportunidad y probé, le dije que yo le daba esos cincuenta euros, pero a cambio de follar. Ni se lo pensó, dijo que sí, pero como no me terminaba de fiar, me la lleve a casa, y ya allí, le solté la pasta. Y esa que hoy me tacha de viejo verde, me comió bien comida la polla antes de que la follara a lo misionero en la cama, y terminará corriéndome sobre su cara. ¡Cincuenta euros de mierda! hubiera pagado doscientos, pero eso no se lo dije jamás, ya que quién sabe cuándo podría precisar cambiar de móvil, y oye, a lo mejor. Tras aquello y después de ducharnos por separado, la baje de nuevo al pueblo...

viernes, 29 de diciembre de 2017

....fragmento.



...sobre mí,
sentí la calidez,
estabas aquí,
no era un sueño.
¿O si?
Siguieron mis brazos
balanceando espacios,
mi boca, sellada,
quería pedir y pedir,
de poder, tu sentir,
para lo cual,
solo deseaba
morir.