sábado, 16 de marzo de 2019

Simbiosis.




La mejor simbiosis que se puede dar, es la de una buena editorial y un texto genial. Y eso, es lo que se ha dado entre JMD Ediciones, para quien lo desconozca, una pequeña pero honrada editorial ilicitana. Ojo, con esto de honrada, al referirnos a una editorial en la actualidad, donde estas proliferan como las setas en un húmedo otoño, no es cualquier cosa. Ya que en JMD Ediciones, ni venden humo ni manipulan ilusiones. En esta editorial, todo autor, en todo momento, sabe qué compra y qué no. Pero claro, a una editorial le falta el autor, y en este caso, llegó D. Agustin Cordoba, un poeta al que pocos, tan solo de momento, tenemos la fortuna de conocer en esa faceta. Y de aquí nace "la vida quemada", su primer libro de poemas.




A mí, que me gusta leer poesía, aunque toda no me gusta y no con toda repito lectura, he disfrutado con este libro como muy pocos pueden imaginarse, y por eso, me tomo la molestia de recomendarla a aquellos que gustan en leer poesía de la que sale de lo hondo, sincera, de la que duele. Como ejemplo:


Los lirios.


Se funde la tarde
en su cuerpo
marchito.
Riega los lirios
que crecen
sin la prisa
de las horas,
quedando las gotas
vestidas
de cielo
entre los dedos.
Refleja la vida
en sus gafas
de lejos, 
el sol
ilumina
la luna
en su pelo.
Se funde
la tarde mientras
riega los lirios,
quedando
en sus dedos
reflejos
de cielo.



Y este, no es más que el ejemplo de algo que, insisto, ya me he leído dos veces. Y yo, soy de leer a pocos, porque cuando algo me gusta, nunca tengo bastante, y de esta vida quemada, me pienso esnifar hasta sus cenizas. 

miércoles, 13 de marzo de 2019

Perdido.




Cada noche, un alma
toca a mi ventana,
y cada noche,
le abro para que entre y,
arrullada por los sueños
que hacen del día
mañana y hacen de mi,
la sobra que se desahucia.
Descanse como el abuelo
que duerme los inviernos
junto la lumbre
y bajo cien mantas.

Y allí,
el uno junto a la otra,
como las caricias olvidadas
cuanto todos queremos
pero solo dos son los que se miran.
Vuelo como esa mariposa
blanca con manchas oscuras,
que parece no saber dónde va,
pero siempre llega
como el fin del vendaval,
donde comen los mares,
las nubes y la vida.

En sus ojos de cristal,
vuelvo a perderme y vuelvo amar,
mientras pintan sus brazos
los rayos de metal,
que en su mano cuan finos
deditos de felicidad y paz,
llena mi pecho de lo que es real,
aunque apenas si,
se logra tocar,
cuando la pena ya es pesadilla
y negra, es ya la mar.


jueves, 7 de marzo de 2019

Confirmado.




Queda confirmado, las empresas de seguridad física, en especial para el puesto de vigilante, siguen, tristemente, decantándose por aquellos candidatos que, no a la hora de la contratación, pero si, a la de la renovación. Están más dispuestos a vender su alma al diablo. ¡Vamos! que siguen teniendo más futuro los sumisos de lengua diestra y ligera, los complacientes con cuanto la empresa les pide, aunque ello, conlleve meterse la dignidad de cada cual por el culo. Imagino, que como el esfínter dilata pero, también recupera su forma con cierta facilidad y ligereza, muchos se confían... y claro, luego, ocurre lo que ocurre. 

Llevo en esto de la seguridad una vida ya, y en esto de la seguridad he dado con muy, muy buenas personas. Unos más profesionales que otros en según qué servicios, porque diga lo que diga la mayoría. No todo el mundo vale para todo, y los que son buenos en un supermercado, a lo mejor no lo son tanto en un polígono o aeropuerto. Sea como fuere, muy buenas personas. Pero, tristemente, todas esas buenas personas no son más que un 4% de todos los que, desde que llevo en esto, he tenido como compañeros. Y lo siento, puede sonar duro, pero es que no me apetece ser cumplido, o lo que viene a ser lo mismo, he decidido ser honesto. 

Colgué el uniforme casi catorce años, cuando por circunstancias he vuelto a colocármelo, y mentiría sino dijera que tenia la esperanza de que el sector hubiera mejorado, y con mejorar, me refiero a simple y llanamente, que el sector se hubiera dignificado un poco. Pero no, me he encontrado con lo mismo de lo mismo que dejé hace tanto. Somos, tal vez, el único sector donde pintamos, nos guste o no, una mierda. Un sector de los pocos en los que si te mojas, te puedes llevar hostias a mansalva sin que nadie te agradezca nada, y pese a ello, nos apuñalamos entre nosotros por. A modo de ejemplo, quedarnos con un servicio que nos queda a ca tomar por culo, en el que no pagan a convenio y el contrato, es de pocas horas pese hacer muchas más de las que por ley, se debieran realizar. Y ojo, todo el rato tieso, sin tiempo para descanso, porque tu compañero no lo hace y no quieres que te señalen. Y puede, que ni aseo cercano para un apretón se tenga. 

Insisto, en este sector hay muy buenas personas, y también, buenos profesionales. Pero como a las empresas eso les importa una mierda bien gorda, y da igual lo grande que estas sean. Estos, vamos, las buenas personas y los buenos profesionales, son una minoría abocada a la extinción. La seguridad física, e insisto, me jode tener que reconocerlo. Es un mundo hecho a la medida del trepa, del pelota, y de ese mierdecilla siempre sonriente que se permite presumir delante del resto de compañeros, y casi seguro que, cerca del cliente o un superior. Que él (nos na el machote), no se toma ni 10" para relajar las piernas. Como si así, fuera a heredar parte de la empresa, o a lo mejor, lo condecoren con algo que no sea la medalla al tonto del mes. 

En fin, no es rabia, tampoco es impotencia, lo que siento, es pena, y más que por mí, por todos aquellos que tienen claro que profesionalmente, caminamos como los cangrejos. A veces de culo, a veces de lado, nunca, hacia adelante. 

lunes, 4 de marzo de 2019

Reos de la memoria y el destino.





Encarcelados en la caverna
del tiempo que nos contempla,
es zarandeada la memoria
por fugaces e impertinentes recuerdos.
De niño a mayor como un solo y único sabor,
hemos vestido de largo y de corto,
de claros y de oscuros,
hemos reído como no volveremos hacerlo,
y hemos llorado, como solo es capaz de llorar
un niño indefenso.
Somos prisioneros de nosotros mismos,
de la memoria y sus sombras,
de la nada que navega sin tener claro
de dónde y su porqué.

No quisiera mentíos desde esta,
mi  escasa lucidez,
me gustaría reconocer que antes de hoy,
tuve un ayer. Quisiera hacerlo,
pero al no comprender el motivo
que nos encierra en esa limitada cordura
… callare.

Si nuestros días hubieran crecido lejos,
en tierras tristes y amontonadas.
Si en aquellos rincones
se hubiera forjado nuestra alma.
¿Podríamos gritar al vacío,
e incluso tal vez, a su nada?
No, creo que no,
nada a de variar en el humano
que  encerrado en su pasado,
morirá prisionero de sus manos
en un inmenso infinito de distancias
y fugaces saludos.
Me miro, os miro, pienso,
y en esa inmensidad me pierdo.
Cincuenta son los barrotes de mi presidio,
recorrido en el que dejé abrazos,
risas, lágrimas y algún suspiro.
Prisioneros de nuestra memoria,
lo somos del destino.




miércoles, 20 de febrero de 2019

Tras lo que parece.





En ocasiones, creo que no sé escribir más que desde la rabia y el asco. Es mi escasa paciencia lo que me hace en verdad vibrar agarrando alma y tripas sin poderme controlar. A veces, creo que la repulsión y el amor están a un paso tan corto el uno del otro, que mis letras sin quererlo rozan la desilusión que me empuja a follar, apretando sobre su carne mis manos, mis dientes y rabo.

Pero es cuando tras de mí cierro la puerta y en casa estamos todos, cuando el silencio sincero de mi versos llena el alma de mi hoy y mi ayer. Quiero tanto pese decirlo tan poco, que su corriente hiere como fuego y la mañana me logra despertar, como el hombre más dichoso y el mortal de mayor paz.

Pero no lo digo pues jamás chillo si no es para despotricar de aquellos quienes me roban el aliento con su suspiro y, mi bien con su mal.  De viejo ogro en adelante espero se me tache, con los años, sus cuentos y mí escaso pesar. Porque soy más lo que parece que de esa verdad oculta allá donde duele y pocos han de mirar.

Gracias a Dios, me importa de poco a nada  lo que se diga de mí. Siempre he dicho que para ser feliz ha de cerrarse la puerta de casa y que todos, sigan allí. Puede que me describa mejor mi mala ostia que mi buen corazón, pero eso  no me hace persona, si no, más bien,  profesional de la situación.

Tras lo que parece, también hay hombre, y carne, y sangre, secretos, pasiones, vida y  muerte. Tras lo que parece soy y allí continuaré, sea cielo o sea infierno lo que a bien me toque querer con el miedo por costumbre y el amor sin cascabel. Doblando del pasillo cada esquina y de mi ataúd haciendo red, con la que pescar mañanas completas y tardes con la noche donde las voces dejan de ser, ese lamento falso, agotado y sin sed.






miércoles, 30 de enero de 2019

Menos mal, que me resbala todo.










Desgarran mis brazos
oscuros laberintos
y aciagos acantilados.

Son, como la serenata que cantan
aquellas pobres viudas
que bajo las faldas
recogen moho y penuria,
a la vez que sus miserias en tripas
convergen, y sus sueños,
en ricos pecados resplandecen.

Dedos malintencionados
golpean mi pecho ya desarmado.
Presente, pasado y futuro
se nos pudren en uno.
Siempre, gracias al hijoputa
que supo esperar turno.

Pesaroso, decrépito,
…la vida se me hace esqueleto
sin haber sacado un solo pellejo,
mientras a mí, por lo menos
mientras latí, se me colmo de saliva,
desprecio e ira.

En las estrellas
que conforman mi universo,
¡en ese pequeño trocito
que siempre llevaré dentro!,
vuelo, río y nunca señalo,
por insistentes se hagan
las palabras manchadas
por el odio y la envidia
que nunca padecen y siempre,
…siempre gritan.




martes, 22 de enero de 2019

Poema


    



Broncas que se colorean con los dedos
y se adhieren a la tripa, pudren a los seres
con pasado y dudoso presente,
que luchan por un mañana que no siempre,
amanece.

Miedos que susurran de rabia
y se amamantan de rencor y pena, beben sangre y follan
lejos de la cama sobre la que mis musas
brincan, chillan y señalan.

Se retuercen los poetas y los versos
junto y bajo  paredes de silencio
y esa tierra en la que nada crece y todos quieren.
Los niños nacen sentenciados
por la estupidez del rebaño,
que más que cuan borrego, lobo,
depreda los recuerdos que caga el pasado.

Y la peña, que se sigue mirando de reojo
mientras reza de puntillas para que un rayo parta
a los del otro lado y su vida, suene a milagro.
Sigue temblando sin saber bien el por qué,
cuando alguien le discute lo que se niegan a ver.

En mi columna de marfil, allá en todo lo alto,
miro ya sin asombro cómo pasan de largo
los que gritan y los que permanecen callados.
Estoy seguro que entre tanto imbécil
podría llegar a encontrarme con los ojos cerrados,
con solo extender la mano.
Sigue sin llegarme la hora, y sigue
sin tocar a la puerta el momento
que haga de mí algo, junto o bajo
aquella tierra fértil, y este hoy inmediato.