viernes, 28 de febrero de 2014

Pesadillas que se hacen noche.


En una noche más
de esas tantas que mi espalda aguanta,
llega a mí
en forma de vago recuerdo,
la fría sensación de tu aliento muerto.



Alegría y pena
acumulan mis ojos sin vida,
las pocas lágrimas
que no derramo mi despedida.
Por inercia,
corretean en fila india esta cara rendida.



Las horas son eternas,
la vida se me hace negra,
su sentido se aleja,
en esta noche sin sangre en mis venas,
donde la melancolía
ahoga de adentro a fuera.



Cuando respirar se convierte en pesadilla,
pido a la muerte se haga presente.
Que su guadaña
brillante y afilada,
parta la realidad de mi esperanza.