domingo, 23 de febrero de 2014

Lo que fue el aliento de un suspiro.




Sentado, aquí, 
en el extremo más frío 
de lo que fue mí pasado sombrío, 
me recreo en todo esto que veo, 
lleno de manías, mitos y desprecio. 
Limitaciones que ahora, sentado,
 con los pies balanceando rincones, 
me hacen sentir mucho más muerto que vivo.



Inútiles asesinatos, corrupciones, 
asaltos, violaciones… 
como en siglos pasados. 
No avanzamos, como humanos, 
estamos estancados en la penumbra 
de creernos populares. 
Poder y  dinero hacen de la mentira, 
aliada verdad futura.



Aun me siento reflejo en el espejo, 
pero siento como por dentro, 
me voy pudriendo en el laberinto 
del envejecimiento, 
parodia de libertades, 
comedia de infinitas vidas, 
pesada broma que jamás termina, 
rebobinándose con un mando de secas pilas.



Sentado, recibiendo de cara el presente 
que dice no esconderse, 
mi alegría no se mueve, no se resiente, 
tal vez, culpa de esta alma confusa, 
que vaga descalza en su propia esperanza, 
antaño, pionera guerrera 
de mil contiendas que hubiera.