jueves, 8 de agosto de 2013

¿Y la coherencia?


                                 

 

Divagando en un espacio cochambroso de pregones y tachones, me queda muy claro…

 


Solo hay dos tipos de hombres,

el calzonazos que lo reconoce,

y el que no lo hace,

insistente y testarudo,

haciéndose  más y más

dueño del ridículo.

 

 

Con dignidad paseo alta la cabeza, lo tengo claro desde hace mucho, no por ello me avergüenzo, sabido como digo, no escapamos ni uno a los afines caprichosos del destino.

 



Aquel

que nos marcan ellas desde su inicio,

pues nosotros si,

queramos o no,

fuimos pasados por sus coños hace mucho.

 
 

No mejoran insultos, agresiones o maldiciones,  la realidad de lo que somos, hombres de hueso y carne, cargados de limitaciones por muy gallito se nos pinten los espolones.

 
 

La felicidad, la sabiduría,

la masculinidad,

nada de esto

se encuentra en esa enfermedad de extremos,

a las que llaman machismo o feminismo,

a las que el orgullo, equivocado,

se coge con pies y manos, por seguir dañando.
 
 

Cada vez que oigo “Violencia de género” como humano muero por dentro, avergonzado al ver hacia donde estamos yendo, pese presuponérsenos inteligentes.