sábado, 17 de agosto de 2013

Jilguero, trovador de mi sueño.


 

Rodeado de notas melódicas,

vuela un jilguero entre naranjos y almendros,

el azahar impregna su esencia

en mi caminar sobre malezas secas,

sin encontrar en ellas tu silueta.

 

 

Ahora, en la rama más vieja y elevada,

el jilguero canta y canta,

rebobinando el tiempo a mi espalda,

me diluyo sorbido por un vacío

hasta dar de nuevo con mi liviana sonrisa,

la que no precisaba, de finos trazos pintados.

 

 

Cara a cara,

no me reconozco tan lleno de mi mismo,

cuan dulces tiempos esos

de responsabilidad limitada,

donde el grano y la espinilla

son la peor pesadilla,

cuan dulces días aquellos,

donde insistía en decir cuanto sentía.

 

 

Que gran compañero de mi vida y su tiempo,

el fabuloso cantar del jilguero,

sonido que admiro y mantengo

amarrado dentro,

 parte del recuerdo que sostengo

sin esfuerzo, tenga o no,

los ojos abiertos.