viernes, 23 de agosto de 2013

Sala de espera.


 

En trocitos,

mi tímida alma esconde lo que gritaría un cuerpo sin calma,

mis labios, al igual que los ojos,

tiemblan de miedo en esa espera que se hace eterna.

En trocitos,

mi conciencia se entierra

en un pesar que con dureza se aferra.

 

 

Recostado en mi desnudo sentir,

te noto, te noto muy dentro de mí,

te noto tan cerca, tan viva,

tan radiante e intensa.

Que mi recuerdo mal expresa un presente

 al que muerdo, golpeo y pataleo.

 

 

En esta aburrida sala,

en este espacio de todo y más nada,

pido por una vida que no es mía,

por una vida que jamás olvidaría,

por una vida,

a la que siempre estaré agradecido.

Una vida,

de ejemplo y sabiduría.

 

 

Lento y espeso trascurre el tiempo,

las paredes se me tiran encima,

y  tú, al otro lado,

te haces oír en mi agrio rincón de silencios amontonados.

Al otro lado,

te siento y quiero,

como hacía tiempo no pensaba en ello,

debido a la escasez de tiempo,

ese, que día tras día,

se deja pisotear de mentirosas lejanías.

 

 

Y una vez más entre tatas,

me paro, resoplo y doy gracias.

Y una vez más,

caducan mis lágrimas sin ser derramadas.

Tras esta pared, bajo esta frontera de ladrillo y dudas,

doy gracias al volver a estar con tigo,

en este navegar de minutos,

cortos y viudos.