domingo, 7 de agosto de 2016

Hasta siempre.





Fuiste ayer, en mi alguien,
parte de mi historia,
hoy, cicatriz de amargo recuerdo,
un reflejo de extensa raíz,
el fiel dolor transformado en momentos.
Hoy, eres el fantasma
de lo que pudo y quedo en nada.


Lanzando un beso
envuelta en el dudoso velo de frías lágrimas,
diste a mi futuro espalda
llenando de vacíos, angustia y silencio,
esa débil alma que me agarra.
Lanzando un triste beso,
me arrojaste a la negra nada.


A la oscuridad de la noche sin mañana,
a los cortos instantes que invaden la vida,
a los olores que llenan imágenes lejanas y perdidas,
al amor desgarrado por la ignorante mentira.
Hoy, sin resentimiento,
me robas la sonrisa desde del recuerdo.


Fuiste alguien,
no sé, si más o menos importante,
hoy, con una vida tras nosotros,
ante mi yaces muerta y, no, no te lloro,
no roba el dolor  ningún silenciado grito,
no siento más que una confusa pena.
Hoy solo, te brindo una sonrisa
por los instantes compartidos.


Hoy, despido y aclaro mi mártir pasado,
te digo adiós con el calor del corazón en mano,
aquí sigo, recordando a una inquieta niña,
morena, de vivos ojos e infinita alegría.
Hoy, en la soledad que perpetúa,
vuelvo a sentirme humano
en el mismo instante
que libero tu fría mano.