lunes, 22 de agosto de 2016

Confesiones.






Bajo la sombra untada de pesadilla
sangra el sueño que se tiñe de angustia.
Aferrada y dolida,
rasga la vida en el recuerdo de soledades fallecidas,
y es allí, con el amanecer de cada día,
donde me dejo morir sin envidia.


Argumentado excusas ridículas,
ataco la inocencia de tierra y cielo,
asesinando con mis propias manos
lo que como ignorante desconozco
y cobarde temo.

Sin lugar al razonamiento,
sin fe al destino,
cansado de mis propios suspiros
y aquel solitario camino.


Mentiroso de mi pasado lejano,
ando en la fina cuerda de alientos arrancados.
Mártir de circunstancias,
me sigo arropando en lo que pudo ser y no luche,
pudriéndome en ese arrepentimiento que no libere.