domingo, 5 de enero de 2014

Cuan sencillo manejarnos los suspiros.





Considera el idiota, afortunado desconocedor de que es aquello que se hace llamar vergüenza, que la democracia y el libertinaje sin reglas son una misma cosa, que la libertad y la palabra, carecen de máximos donde el respeto y la coherencia quedan limitados.


Que las reglas están para saltárselas. ¡¡Pero!! De casa hacia fuera, pues brincar en su cama, mearse en la tapa donde su culo se relaja… Por eso no, por eso no se  pasa, aun cuando no este reglada ni regulada, dicha meada y brinco sobre la sabana.


Llena ya, la boca de ácida saliva, escupo atormentado, viscosa e impura, corroe y pudre como peste negra.
Dolido al ver como un simple idiota se permite insultarnos, tachando la humanidad de descerebrada, escondiéndoles la realidad hueca, que milagrosa ofrece a su parroquia.


Arto, cansado, hasta los huevos ¿Cómo definir sin gritar lo que siento? Cuando disfrazado de políticas se me jode la existencia, pregonando abiertamente y cuanto se haga preciso, para mover la corriente a capricho, separando la sangre en poblaciones distantes.


Cuan sencillo remover miedos y rencores ajenos, despertar razonamientos de príncipes en un cuento, enterrar ojos y oídos. Cuan sencillo llenarnos de caducas manías, que fácil resulta la mentira, y ser un fantasma en esta vida.