jueves, 28 de noviembre de 2013

Ladrón de vagos suspiros.


 

 
Te permito llenar la mirada
con los ácidos labios que devoran nuestras horas solitarias.
Recipiente en la voz de pasiones labradas,
apenas dejo mostrar esas lagrimas
vagamente remolcadas por la simple matemática.
 
 
Raíz cuadrada de instantáneas multiplicadas
desmerecen el sabor de mi recuerdo,
a ese sudor de dos cuerpos amparados por luces apagadas.
A pie de murallas, almenas y de una luna nublada,
fornica mi ansia tu deseo incomprendido,
arrancando de allí, tu mudo gemido.
 
 
Ladrón de vagos suspiros,
desmenuzo mi pensamiento
con afilado cuchillo y mis mejores cinco dedos.
Profundo hueco donde bebe mi cuerpo como perro sin dueño,
encarnizado, aúlla el animal del submundo obsceno.
 
 
Tarde que se hace noche,
noche que muere asesinada con la mañana,
mañana que antes de nacer se sabe caducada,
rueda que gira sin cuerda o pila.
Vida, que sin un empujón, no eres nada.