martes, 5 de julio de 2016

Eterna y viva.




Con la alegría correteando tus venas,
eterna y viva, tu sonrisa siempre risueña.
Bebo de tus ojos, esos,
que sin hablar me lo gritan todo
sin dejar secretos al fondo de un pozo.


Quererte se me hace poco
cuando cada noche tus sueños arropo,
y pienso, y rió, y también lloro.
Al abrir mis párpados al gozo que son para mí,
la locura de tus ojos… de tus ojos, y mi asombro.


No hay día sin noche, como no hay futuro sin ti.
Algún día espero morir como viví,
amando lo que soy por mi capacidad de quererte así.
Hombre afortunado, en cuerpo, en alma,
a lomos de la noche y brazos de la mañana.


En ese bonito lunar que la propia luna ha bautizado,
mi sol y mi sangre, en secreto se han bañado
con los azucares de mil pasados.
Y cada amanecer entre mis dedos,
presentes y milagro sueldan a tu lado.


Va tan deprisa la vida
que me siento perdido al mirarte cada día.
Se me encoge el pecho y gruñe su recuerdo
al notar cómo crece y crece tu cuerpo
sin poder congelar el tiempo.


¡Mi pequeña!
Crezca cuanto crezca, se distancia cuanto quiera.
Mi pequeña por siempre en el aliento de las venas,
barco a la deriva entre el sol y la luna
que son sus ojos y son su muda.


Aladas mariposas de colores,
son las fotografías que acumulan los rincones,
los de casa, y esos otros del corazón,
que un día de estos, mirando para adentro,
reviviré con anhelo y desesperación.


No, no quiero pensar en mañana,
hoy, solo quiero abrazarte, besarte,
impregnarme de tu olor,
quererte tanto como pueda, en esta locura que apenas comprendo.
Hoy, solo quiero vivir, hacerlo en la realidad de tu sentir.


Sin ojos en mi cara, ni tiempo a mi espalda,
grito orgulloso a la vida y a la parca.
Escuchando tu risa,
¡por fin! se que por algo valió la pena vivir,
mi tiempo y mi rutina, son un todo por ti.


En tu pechito de hilo,
un corazón de oro, diamantes y rubíes,
hacen de mi noche y su rota mañana
el seco latido que me levanta.
En tu pechito de oro…amor y ganas, en infinitos me abrazan.


Soy pecador pese no ser malo,
un vulgar mortal de tantos, alguien,
que amó y se sintió amado,
entre la sonrisa de tus labios y la calidez de tu abrazo.
Gracias por ser en mí, presente de vida y sentir.


 Feliz doce cumpleaños Ana.