martes, 19 de julio de 2016

Así les llamáis vosotros, no yo. Recordarlo.




Al que vosotros llamáis prudente,
yo le llamo insulso, y puede, que hasta miedoso,
a ese otro que tachais de coherente,
…no os engañéis.
En la mayoría de ocasiones,
no es más que alguien
que empujado por la corriente,
tan solo se adorna, omite o miente.

La vida es un gran carnaval
donde las máscaras se han hecho
a medida. Con hueso, sangre, carne y piel.

En las secas calles de mi barrio
los rincones se llenan de susurros robados
y oscuridades que no quiere ver nadie.
La noche invita al día
asesinando semanas, meses,
años, siglos y vida.
Y pese lo discreto del silencio,
sigue el carnaval siendo ese ritual,
donde se nos prepara para morir
sin haber logrado distinguir,
entre todo y todos,
la autenticidad que nos hace latir.

Solo la luna, los ríos y el mar,
los árboles,  las “malas” hiervas,
y algún que otro repelente insecto,
son sinceros en su propio y desnudo universo.
El resto ¡y ya podemos disfrazarnos como queramos!
somos y seremos poco más que excremento,
…daos tiempo.

Y así opino, al levantarme a diario
y ver como la prudencia
nos mantiene atados.