miércoles, 2 de agosto de 2017

Sueño, y lo hago, porque quiero soñar.




Sueño, porque ya aprendí a morir.
¿Con qué libertad me preguntas?
Con la que yo siempre di.
Pues sería indigno cerrar los ojos sin
haber sabido distinguir
de toda aquella chusma,
quien sin gritar y sin pedir,
me hizo sentir y logró hacerme reír.

Sueño, porque hoy,
es lo poco que de sincero tengo
y entre los dedos atesoro.

Es posible que tenga que hacérmelo mirar,
pero también lo es que por ello,
puedo presumir y gritar
sabiendo que a nadie ofendo y a nadie miento.

No me corre el miedo por dentro
como si lo hace la vergüenza por fuera.
Soy humano, o creo serlo.
A veces, ni claro lo tengo.

Sueño amigo mío, sueño.
Ya se que es poco,
pero es mío y a nadie imploro,
cuando encierro estos ojos llorosos 
y allí adentro, 
nos quedamos tu y yo solos.