viernes, 14 de octubre de 2016

Fingirse.





Me creo enfermo no porque me duela
nada, sino, por pensar como pienso.
Pues a muchos me encantaría ver
no solo muertos, también, en fosas
comunes donde ni el silencio
acaricie aquello que fuera,
lo que pudra  sus cuerpos.

Hoy, hasta me siento culpable al haber escrito
cosas antes de que la muerte hiciera sus deberes.

Y entre lo uno y lo otro
he llorado sin saberme portador de daño.
Tal vez soy lo peor que el mundo ha dado
y nunca conocerá, al tenerme
encerrado en esa muda bacanal que nos obliga
a caminar y olvidar.

Es peor no saber si sentirse criminal,
a serlo sabiéndose mortal.

Me gusta la lluvia, la tormenta,
los cielos grises y negros,
creo que también, las calaveras y el infierno.
La luna, las estrellas y el silencio
de nuestro maldito universo.
Me gusta mucho para lo que creo sentir
en estas manos vacías,
en este corazón de plomo,
en esas venas donde me asomo.

No saberme enfermo no me ayuda a vivir,
pero si puedo gritar para decir,
que prefiero ser señalado por pensar lo que pienso,
a serlo por callar y fingir.