viernes, 30 de septiembre de 2016

Palabras manchadas.








Desgarran mis brazos
oscuros laberintos y aciagos acantilados.
Son, como la serenata que cantan
aquellas pobres viudas que bajo las faldas
recogen penuria y moho,
a la vez que sus miserias en tripas
difuntas convergen, y sus sueños,
como ricos pecados resplandecen.

Dedos malintencionados
golpean mi pecho desarmado.
Presente, pasado y futuro
se nos pudren en uno.
Siempre, gracias al hijoputa
que supo esperar turno.

Pesaroso, decrépito,
…la vida se me hace esqueleto
sin haber sacado un solo pellejo,
mientras a mí, en vida,
se me colmo de saliva.

En las estrellas
que conforman mi universo,
¡en ese pequeño trocito
que siempre llevaré dentro!,
vuelo, rió y nunca señalo,
por insistentes se hagan
las palabras manchadas
por el odio y la envidia
que nunca padecen y siempre,
…siempre gritan.