sábado, 18 de abril de 2015

Señalar es cosa de necios.



¿Señalar?
Ni con uno ni con veinte,
no me sale de adentro
ser por voluntad propia un analfabeto.
Señalar,
lo dejo para el resto.


Buenos, malos,
grandes o pequeños.
Son dos opciones que según colores…
así pues. Inocentes y culpables.
¿Señalar?
No lo hace más que el cobarde.


En un latido
que todos olvidaran,
la vida grita vacía,
una, una más de todas ellas
que morirá herida,
bajo la sombra manchada de envidia.


¿Porqué tendría que aparentar,
porqué me iba a doler
ser el segundo… o el último?
¡Señalar!
¿Para terminar igual?
…Prefiero evitar la inmortalidad.


Mirarme a los ojos,
mirar bien dentro,
veos en ese castaño infierno,
mirar cuanto callado destierro.
Asomaos,
asomaos a mi tiempo.


En un valle
de lapidas y huesos, crece el silencio
que de todos fue consuelo.
Caminando entre muertos,
no veo hoy, que de bueno o malo…
así pues, de mi capa hago un sayo.


Crezco para abajo
cargado de manías y miedo,
de blancos y de negros.
Me curva el peso del desprecio
que un dedo
me amarro al cuello.