sábado, 25 de abril de 2015

Me importa un huevo.





Las paranoias y pajas mentales,
de vosotros, inseguros mortales,
son suculento negocio para loqueros y curanderos.
Miro mi reflejo y rio, de mi, del primero.
¿Si loco si cuerdo? me importa un huevo.
Me gusto más que menos.
Punto.



Jamás comerá de mi
un sesudo gurú de la psicología.
Conozco mis manías, mis miedos.
Conozco el bien y el mal,
sé que hace daño y que no.
¿El resto?
Gilipolleces de manual,
o simples ganas de lloriquear.
Y yo, soy muy normal.



Tanto, tanto,
que camino para atrás,
pues hace mucho
que deje de lamentarme.
Se lo que quiero, porque luchar.
Si ando hacia atrás,
es porque prefiero lo de allí,
a lo que se me empuja a vivir,
a  lo que es, porque si.



Llamadme como gustéis,
gritarme si queréis.
Comportaros como a bien,
os salga de la gana,
que yo, seré quien y como soy.



Porque yo,
si me he hablado.
Largas charlas
sin contaminantes intermediarios,
he mantenido con migo mismo.
¿Y saben? me gustan mis limites,
mis dudas, mi miedo.
Me hacen sentir vivo.



Vivo, porque he nacido,
no por haberlo pedido,
y la diñare,
con o sin dinero,
con o sin estudios,
con o son padrino,
con o sin complejos.
Solo el remordimiento
nos hace distintos.
Solo, a los que nos roban el sueño,
dicen, nos hace buenos el tiempo.
¿Si loco si cuerdo,
si rico si pobre,
si tonto si listo?
Lo dicho,
me importa un huevo.



Paranoias, pajas mentales,
fantasma personales.
¡Joder! es que hay tanto y tan variado,
que con la fácil que es.
Os preparáis para padecer,
por cojones, os dejáis morir sin haber tratado de vivir,
sin conocer el fresco sabor a menta,
sin conocer al vecino de la otra puerta,
sin saber de vosotros una mierda.
Y a mí, eso, me sigue importando un huevo.