jueves, 5 de noviembre de 2015

Una vida y un destino.




Oscura espina en tierra vieja,
hiere de la noche su luna y estrellas,
más sin esperanza no hay día,
más sin corazón tampoco vida.
Oscura mueca y oscura la nada,
en los ayeres que tras de mí se derraman.


Deje de gritar al oírme,
y de amar al escucharos.
Pedregoso el futuro y más, su grueso muro,
en sombras por embudos,
donde conformarse es uno y esconderse… fácil presente.


Doce son los nudos
que al corazón dan forma,
agriando la mala pena
en las restas que desbordan,
y sumas que nos representan.
Doce los meses, los hermanos y ataúdes.


Yo, soy silencio,
yo soy culpa y lamento,
yo soy cuanto escupir
sea capaz un cuerpo.
Y solo, siempre solo, cuan árbol grotesco,
rindo mi alma, mi espíritu, ¡mi tesoro!


Delante algo y detrás infierno,
no creo ser barro ni tampoco acero.
No tengo nada de bueno,
ni siquiera, el deseo.
Somos, porque tenemos,
una vida y un destino.