lunes, 23 de noviembre de 2015

Lágrimas heladas.





De pequeño, pensaba
que los muertos lloraban,
que de sus ojos cerrados
brotaban las lágrimas.
Sí, eso pensaba,
y la pena me inundaba
ahogándome pecho
y garganta.



Creía
que la muerte
era algo más que un insulso
camino de ida.
Desconocía
que no era
más que la retirada
natural de la vida.
Pensaba que seria
como la capucha
de mi anorak,
reversible.



De pequeño
como de adulto,
siempre fui un poco
bastante iluso.
Pero con toda la pena
en mi recuerdo imaginario,
me encanta pensar
que los muertos,
también pueden llorarnos.