jueves, 26 de noviembre de 2015

¡Ni puto caso! La culpa no es nuestra.




Que desconozca el hambre,
de momento,
no me convierte en un miserable,
ni en traidor, ni en cobarde.
Que desconozca ese germen
no me hace de la realidad
el mayor ignorante.
Soy de los que sí,
a veces ocupó el lugar del otro.
Rio, grito, y por igual, padezco y sufro.
Yo, ante el hambre me derrumbo
como la conciencia de aquellos pocos
que mantienen intacta la vergüenza
mientras los cosen a hostias.
Hoy, acumula la tierra
más vergüenza que pena.
Algunos, tratan de enterrarla
a dos palmos bajo tierra, otros,
la meten bajo sus camas.
Los últimos,
caciques, caudillos,
predicadores con cuchillo,
se abrazan al poder de su desprecio.
Que no lo conozca todo
no me convierte en un imbécil,
ni en un insensible ¡ya está bien!,
hasta los cojones estoy
de escuchar que no hacemos nada.
¡Nosotros! los matados que no pasamos de desgraciados,
…que aquí se tira y allí se muere.
¿Y, la culpa es mía, del que se ha mudado enfrente,
de la recién nacida de arriba?



-Me da mucha pena no poder, por mi solo, paliar el hambre y todas las enfermedades, pero jamás tendré remordimientos de algo que no hemos creado los miles de pringados a los que hoy, cuatro espabilados, tratan de acorralarnos con sus discursos vacíos y abstractos. Mi conciencian, al igual que mi escasa inteligencia, saben que las culpas, como la carne, se compran y venden en todas partes-