viernes, 7 de marzo de 2014

Aliento de pasados irreales.




Todo se vende, compra, corrompe,
menos la dulce virginidad de la muerte,
y la idiotez contemporánea de rebosados presentes.
Campanas de vacíos sin suerte
falsean de sonidos la paz de mi sentido,
romanticismo nostálgico me acaricia pasados y sienes,
sin dejar tiempo a mis dedos para reconocerte.



Envuelto en sonidos que recuerdan contados momentos,
hago de mi presente cicatrizado destino.
Permanezco encogido dentro de un bostezo,
a la espera de emerger en la acidez de un sincero suspiro.
Retumba mi cabeza en picos sin influencias,
en llanos de ironía, en abismos de fortalezas podridas.



Oculto en la calma de mi soberano espíritu,
escucho el crujir con el que los lamentos
visten de esparto sus odiosos adentros.
Martirios de madera y acero,
en aquel callado silencio del que soy propietario.
Escriben mis manos lo que describe mi cerebro,
telaraña de tiempos mimados que cada día,
amanecen más y más asqueados.