martes, 25 de marzo de 2014

Aeternus.



Uno tras del otro
con velas en sus manos,
pisotean la noche sus insolentes pasos.
En el eco de la mentira me veo reflejado,
pintando de arriba abajo cuanto hasta ahora me he negado.


Victorioso sin haber rezado,
mi cabeza permanece a flote de aquellos instantes rechazados.
No me pregunten como,
no me pregunten donde o cuando,
pues pienso morirme sin remediarlo,
orgulloso al reiterarlo.


Me avergüenza la insolencia
con que pretenden venderme ideales intermitentes,
fantasmas envueltos en humo.
Me sorprendo al verme en la boca del tonto
sin que lo pidiera la palabra con la que me arropo.


Tras la orquesta que acompaña al difunto,
me revisto de mí mismo gritando al odio
que nace podrido bajo aquello que maldigo.
Tras ellos, vivo y me recreo,
suspirando de los minutos su amargo gusto.


¡¡Victorioso!!
Muero desde mi voluntario encierro,
harto de tiempo, de sandeces,
de las ridículas excusas  que visten almas de aire simple,
de fe ignorante, de falsos intereses.
¡¡Victorioso!!
Camino, chillo, hablo,
sin haberme corrompido en nada de cuanto he creído.





A la memoria del Sr. Nelson Mandela.