viernes, 18 de octubre de 2013

Sombra.


 

Y al encontrarla mi carne clamo al silencio,

ordeno al viento,

mi animal escapo de adentro,

devorando los segundos que tiñen su cuerpo.

De rodillas, bajo mi sombra,

mis caprichos se hacen respuesta.

 

 
Grito y obedeces, chillo y atiendes,

recito y en mi mueres.

Mis dedos, mis ojos, mi sabia.

Uno tras el otro,

 recorren los versos que dominan, que muerden,

que inundan tus placeres.


 

No preguntes, cierra los ojos y vive,

tuyo, mía, mía, mía…

Camina sobre las manos que te guían.

Hacia dentro, asoma, respira,

insistes ya rendida.

Distingue de la sombra, la alegría de ser mía.

 


Nadie escucha, nadie siente,

nadie mira que de verdad eres.

 Tu vientre, mi vientre,

es la raíz de mis poderes.

¿Quién eres, que eres?

Mía,

solo, por siempre.

¿Lo comprendes?