domingo, 4 de junio de 2017

Otra de esas tardes por el centro comercial.




 Los odio, si, los odio, pero a la mujer y a las crias, les encanta, y como había partido, nada más y nada menos que la final de la champions y, quería que me dejaran verlo en paz, me levanté temprano de la siesta y las lleve a devolver no se que leches y a comprar no se que cafés. Mientras ellas romanceaban arriba ya abajo, en algunas tiendas hasta cerca de la hora. Yo, como es habitual, buscaba donde sentarme y me limitaba a esperar. Como yo, mogollón de papis, novios y/o jóvenes maridos. La mayoría andaban con sus móviles, a mí me gusta más observar, porque si algo bueno puedes encontrarte en un centro comercial, son bombones de esos que van diciendo, cómeme. Vale, que sí, que no me lo dicen a mí, ¿pero decirlo? lo dicen, y ya es cuestión de la capacidad de cada uno a imaginar. 
     Observando, por lo normal a chavales, aunque también se cuela cada uno y una, sin duda del tipo "me he separado y ahora soy o voy, de un moderno de la ostia". Se pasa el ratico de lo más entretenido. A ver, tenía claro que hasta las ocho y media no podía meter a la familia ninguna prisa. Con media hora tenía para llegar a casa, ponerme al día de las alineaciones y sacarme una cerveza con frutos secos, puede, si la mujer salía de la compra contenta, que, hasta me preparara un tomatico trinchado con un diente de ajo. A ella le sale mejor que a mí, y eso que, el tomate, el ajo, la sal y el aceite, son los mismos. Cosas de la vida que, están, pero nadie comprende. 
     Mirando a una chaval me cague en la puta para muy adentro. llevaba un pantalón vaquero negro cuyo camal le quedaba un palmo bien largo sobre el tobillo, ese trozo sin pantalón lo cubría, pese un calor que hacía de mil demonios, con un calcetín blanco bastante gordo. Para mí, iba mataico, pero el tío iba la mar de contento, y si, me consta que cada uno es libre de ir como le salga de los huevos. ¡Claro! como también somos todos libres de pensar lo que de ahí mismo, a bien nos tenga a salir, y por eso mismito, pensaba yo lo de que el chaval iba mataico, que queda mucho mejor que ridiculo. Es tremenda la falta de personalidad de la peña, cualquier capullo que aparezca en la tele disfrazado, crea tendencia, porque aquel chaval iba clavado a uno que sale en un programa de la tele. Poco después, uno de esos cosió a gimnasio, se paró hablar con el chaval de la parejita que tenía sentada al lado. Estos tíos,  los musculados muy por encima de la media natural, cuando ven a alguien que les conoce o les mira, aún se tensan más para aparentar estar más cuadrados de lo que ya están. Hasta entonces nunca había caído en la cuenta, la novia del chaval al que el cachas saludo, cuando este siguió con su camino, dijo al novio. -Que cosa más fea por Dios-, y no se refería a su cara, si no al contexto general. Lo que son las cosas, el otro se fue, casi que con toda seguridad, pensando haber impresionado a la novia de su colega, y en cambio, a esta, sólo le faltaba dar alguna arcada para dejar claro que no, no le gustaba. El novio, también colombiano, explicó a la moza que el tío estaba muy fuerte, y ella insistió. -Si, si fuerte esta, pero feo, como él solo-, en ese momento caí, la verdad es que esos cuerpos son tan antinaturales como las cejas que se dejan algunos o las mamellas que se colocan algunas. Que sí, vale, hay gusto y público para todo, pero es antinatural que coño. Seguro que a cualquier bicho de la fauna animal, si le obligarán hacer a diario ciertas tablas de ejercicios y les pusieran ciertas dietas, se pondrían cachas, obviamente, dentro de sus posibilidades. Se imaginan a un caniche culturista, o a un canario. ¿Que asco verdad?, en fin, para gustos, colores.
     En fin, los centros comerciales, ese gran zoologico de una  sola especie.