miércoles, 29 de marzo de 2017

Manos descalzas y sin paz.




Cuando te quise buscar,
me dijeron habías huido
con otro dirección al mar,
me sentí como un mamarracho sin bozal,
un gilipollas que dejó perder la oportunidad,
por falta de cojones o falsa honestidad.

Segui tus pasos hacia aquellas saladas aguas
dispuesto de ser preciso, a pelear.
A romperle la cara a ese mamón
que sin saberlo me había hecho llorar,
a pie de esa soledad que nunca había padecido
y nunca quise encontrar.

Pero los caminos al mar son muchos
y pese buscarte como nunca
me creí capaz de buscar,
sólo encontré retazos de recuerdo
en esos otros muchos coños
que el tequila y el limón
me brindo sin obligar a pedir perdón.

Mujeres aquellas que no te llegan al talón,
hicieron presa en mis placeres y digestión.
Cogiéndose a las entrañas sin corazón
con sus frías y sucias uñas de pendón.

Es tarde para encontrarte y es tarde para rezar,
a ese silencio oscuro que nadie echa a faltar.
Es tarde para todo en el fin de mi hoy,
camina mi alma la orilla de esa mar que es angustia
cuando cierro los ojos y en otro siento tu gozo,
y me creo capaz de matar,
con estas manos descalzas y si paz.