viernes, 18 de noviembre de 2016

En su castillo.

Haciendo guardia en la almena de tu castillo,
el tiempo calla por respeto
a todo aquel talento y todo aquel otro cielo,
que dice de nosotros poco poco poco.
Guardados tan blancos huesos
al fondo negro de tu alto cortijo,
veranos con su invierno corretean entre nichos.
Y nadie, ni uno sólo, alza su dedo
para contar lamentos o llenarse de olvido.
Comienzan los meses a borrar sonrisas,
araña el tiempo, como la luna a sus estrellas.
Comienzan y terminan las vidas,
las historias y las palabras mal heridas.
Y allá, en aquella lejana almena,
no se volvieron a escuchar
los romances del hombre,
que muerto de adentro hacia afuera,
se hizo cuento y se hizo leyenda.