miércoles, 11 de mayo de 2016

Reunión de chicas.



Casi se me cae la vagina al suelo cuando Maribel me ha dicho que ha comprado la casa tan barata porque según dicen los propios vendedores y la mayoría de vecinos de la zona, está encantada. Por lo visto, a veces aparece el fantasma de un crío pequeño que grita mucho, y no gritos del tipo miedo o dolor como sería lo típico en las películas de miedo para acojonarte del tó. No, según le han dicho, los gritos de este fantasma son más del típico mañaco consentido que cuando vas al hipermercado hacer la compra se mete en la sección de juguetes y hasta que los papás no le compran lo que quiere, te ponen la cabeza loca.

-Tú estás mal tía, ¿sabiéndolo has comprado una casa encantada?

-Era una ganga y eso de los fantasmas son chorradas.

-¡Bueno! puede que sí, pero como se presente gritando a media noche ya me dirás ya. Porque a un crío de carne y hueso le sueltas un sopapo y lo mandas a la cama, y ya está, pero a un fantasma, ya me explicaras.

-Ya te digo que eso son gilipolleces de viejos, los fantasmas, y tú al igual que yo lo sabes muy bien, andan, y que me conste, todos respiran.

Al igual que Maribel yo mucho de creer en esas cosillas tampoco soy, pero tampoco es algo que me agradará comprobar, así pues, yo no me hubiera comprado aquella casa, por chula que este, que lo está, y por barata que le saliera, que le ha salido. Sabiendo que en cualquier momento, o puede que no… pero también que si, me saldría un mañaco muerto desde Dios sabrá, gritándome pegado a la oreja. ¡Vamos! me muero del susto seguro seguro, y más viviendo como Maribel, solá.

-Aquí podremos hacer nuestras reuniones de los viernes sin molestar a nadie, y sin que nadie nos moleste- insistía Maribel.

-Bueno, sí, pero yo no diría a las chicas nada de lo del fantasma.

-¿Tú crees?

-Pues sí, sí creo sí. No todas tenemos tus narices, por lo menos de momento, porque veremos si no sales pitando cuando se te aparezca el mañaco.

-¡Qué va mujer! Que eso son historias tontas, ni caso.

Al ver la serie de televisión esa donde cuatro amigas (una muy putón) residentes todas en Nueva York, se juntaban mínimo una vez por semana para mantener su amistad fueran sus vidas las que fueran, se me ocurrió. Eche mano de facebook y de la guía de teléfono, y empecé a buscar al grupito maravillas, así nos conocían en el instituto, en lugar de cuatro como las de la serie éramos cinco, pero eso daba igual.

Entre que Susana repitió el último curso del insti y que cada una de las restantes cogió carreras distintas en la universidad, la cosa se enfrió al punto que muchas cuando volvimos a vernos ya teníamos familia, numerosa en el caso de Mari, o como Maribel, separada por segunda vez y ni idea.

Cuando las contacte todas se alegraron y no se lo pensaron -¿reunión del grupito maravillas del insti todos los viernes del año, donde lo firmamos?- y así llevamos para cuatro años, tiempo en el que he aprendido tanto o más que en el resto de vida. Por ejemplo, yo pensaba que era la única que compraba los calzoncillos a su marido, y no es así, por lo visto, alguna extraña razón hace que los hombres nunca se compren la ropa interior, esta pasa de ser comprada por su madre a la pareja de una manera casi automática. Trini dice, que si las mujeres dejáramos de comprar los calzoncillos a los hombres, estos irían solo con el pantalón, está segura que antes de comprarlos ellos solitos, preferirían padecer las costuras del pantalón o la incomodes de que todo aquello se les fuera moviendo de un lado al otro. Por eso, insiste siempre Trini, los fabricantes de ropa interior hacen anuncios con tíos mega buenorros, para llamar nuestra atención… y la verdad es que su punto de razón no se lo quita nadie. Lo que si veo exagerado de su planteamiento, es cuando asevera que el primer síntoma de alzhéimer en la mujer casada o rejuntada, casi siempre pasa por fallar en la talla de los gayumbos de su pareja.

Pese lo distintas que siempre hemos sido, fíjense que Susana, toda una reputada veterinaria, es de la opinión que las velas de cumpleaños en forma de numeritos son el mejor invento del siglo veinte para con la humanidad en general, y muy en concreto, para con la capa de ozono… las velitas de cumpleaños ¡menuda tontería! Está claro que el mejor invento fue y es la Thermomix, claro que no hay mayor ciego que el que no quiere ver. En cualquier caso, distintas pero muy tolerantes y grandes, grandísimas amigas. No había viernes que no nos lo pasasemos de puta madre, y daba igual que el tema principal fuera despellejar a los hombres, hablar de moda, o imaginar las mejores cien formas de reducir a ceniza a la suegra.

La semana pasada, entre los cafés, la mistela y ese orujo de hierbas que pasa que no veas, llegue a casa tan contenta que mi Juan se pensó que podría mojar pese no ser sábado ni haberse pasado antes por la ducha. ¡Macoquis pá él! Iba a gustito, pero no para tanto. Antes de pillarme ese tonto punto estuvimos hablando largo y tendido de un tema entre morboso y peliagudo. Maribel tenía una nueva compañera de trabajo, era lesbiana y según mi amiga, muy buena tía. Entre ellas había buen filin, habían salido a comer y cenar juntas un par de veces y Maribel empezaba a estar confundida. –No sé si me atrae físicamente- nos dijo.

-A ver nena- respondió Susana –si te atrae es porque sabes que es lesbiana, curiosidad nada más. Si alguna de nosotras lo fuera te habría pasado igual-

Maribel dudo antes de responder que sí, que podía ser así. –Pues claro que es así- insistió Susana -si a ti te va más un buen cipote que a una gallina soñar con la menopausia-

No se trataba de convencerla de nada, ¡menuda es Maribel cuando se encabezona! como prueba. La casa que se terminaba de comprar, con fantasma gritón incluido, pero claro, era una ganga.

Con el tema abierto, empecemos a tratarlo tan de cerca que hasta nos metimos en un chat de lesbianas ¡qué cosas nos decían! y lo que empezó de coña terminó por calentarnos, y de qué manera, no recuerdo haber tenido los pezones tan tiesos nunca. –Oye, habrá que dejar esto ¿no?- dijo por lo bajito Mari. Al salirnos del chat, al que estoy segura volvería más tarde alguna ya desde su casita, empezamos a elucubrar.

-A mi cuando me lo come Raúl…no sé, me parece más una tuneladora a destajo que una mamada placentera. La de veces que por quitármelo de encima le habré dicho. Déjalo, déjalo que harás que me corra.

-A mi me pasaba lo mismo con mi primer marido, en cambio el segundo, que follando era un desastre. ¡Oh, oh, oooh! cuando se me bajaba al pilón…ummm que maravillaaaaa... mira, mira, la piel de gallina.

-Pues el mío va a días, los tiene buenos y malos, pero si no le aseguro primero que luego yo se la chupo, no se me baja el muy cabrón.

-Al mío le da asco- añadió Susana.

-¡Comooo!- se escuchó al unísono tras unos breves segundo de incómodo silencio. 

–Pues eso, que a mí no…- insistió aquella pobre.

-Uffff, pues prefiero mi tuneladora a nada- respondió la otra.

Se abrió una ronda de preguntas a la que Susana apenas llegaba a responder. –Sí, tuve otras parejas antes pero ninguna me hizo eso nunca. No, nunca lo he pedido. Alega que huele mal y por eso no se lo come. Sí, claro que tengo curiosidad-

-A ver chicas- intervine –esto debemos de arreglarlo- todas menos Susana asintieron. -¿Tú no se la chupas a él?- pregunté.

-Sí.

-¡Que cabrón de mierda!- le salió del alma a Mari.

-¡Oyeeee! Que es mi marido.

-Sí, y un puto cabrón- añadió Maribel. –Osea, tu si y el no, ¡por qué huele mal!, y a él que, ¿le huele la polla a jazmín o canela?-

Susana, viéndose pillada hubo de callar, sabía que sus amigas llevaban toda la razón. –Esta no se va hoy de aquí sin que le hayan comido el coño.- Lo reconozco, me vine arriba, posiblemente por el punto orujo de hierbas.

-Baja la voz que tengo al niño en la salita- me dijo Susana.

-Y bueno ¿Qué tienes pensado?- preguntó Maribel mirándome fijamente, al igual que las otras tres.

-Bueno… pues no sé, tú que te tienes dudas podrías probar con ella y os hacéis un favor mutuo.

Ambas se miraron y me trataron como a una loca, pero lo que en un principio fue una negativa rotunda poco a poco fue quedando en un bueeeeno, a lo mejor algún diiiiiia. Tocaron al timbre, era la amiga y vecina de Isabel, la niña de Susana. -¿La dejas que se venga un ratito a casa?- estaba claro que la providencia estaba del lado de Maribel y Susana.

-No, no mirarnos a sí, eso no ocurrirá nunca- decía la una y la otra al resto, y eso que apenas habíamos abierto la boca.

Pasado el cerrojo y dejada la llave, no fuera a ser que el de la tuneladora se presentase antes de lo que era normal, acompañemos a las dos ¡bueno! las empujamos hasta la habitación. –Vamos a dejarnos de hosssstiasss que ya está bien- decía Susana si oponer demasiada resistencia.

Creo que fue Marí la que trajo los caliches y el orujo a la habitación, donde continuamos con la tontería, también trajo el portátil y volvimos a engancharnos al chat de las lesbianas, esta vez, hasta con la webcam enchufada. Así empecemos, como terminemos muy claro no lo tengo, se que las bragas que esa noche me quite antes de coger la cama no eran mías, que la lengua que me repasó la vagina era más pequeñita y algo menos áspera que la de Juan, pero infinitamente más glotona, ¡ah! y que amanecí con un gusto de boca entre a sardina y pescadilla.


Nadie respiró en toda la semana por el grupo de wasap, pero ha sido llegar el jueves y poner; –¡Que chicas!, ¿quedamos mañana?- y les habrá faltado cualquier cosa menos tiempo para confirmar asistencia. Con lo que me da, que este viernes será de lo más movidito, eso sí, el orujo ni catarlo, lo que me coma así como lo que me deje comer, pienso recordarlo con nitidez si o también.