lunes, 4 de abril de 2016

Poema dedicado a un buen amigo y mejor persona.





A toda hora.


No le conozco demonio,
ni ira, ni estupidez gratuita.
No le conozco sombra podrida
o mano que oculte piedra.
No le conozco manía ridícula,
ni me consta que pierda
el sueño en tonterías.


Siempre con una sonrisa,
humilde y de frente,
pues no son los mejores guerreros
los fuertes, si no los valientes.


En un mundo triste y ridículo,
lleno de hipocresía.
Como la suya, hay gratas
y contadas compañías,
donde un té y una tarde
aún son capaces de ensoñarme.


Sorpresas que llegan maduras
y jamás se hacen bastante.
Es mi maestro de ceremonias
voz entre las ondas,
hombre a toda hora
y escritor, solo, de sus cosas.






A José Martínez Alberola. Como ya he dicho, una auténtica sorpresa de persona.