miércoles, 30 de marzo de 2016

Derivado a mi presente.




Y mis labios de acuarela
a la tierra me destierran.
Viento, alas de mi recuerdo
en tus besos primeros.


No grites a la noche,
que jamás se lamente el alma.
Son mis carnívoros dientes
los que aún hoy te desgarran.


Tu nombre susurran a mi espalda
fundiendo el horizonte donde el sueño se baña.
Noto empujar ese alma
que me mira de cara.


¡Escucha! Escucha la locura de mis palabras,
en tus ojos dibujan agua,
torrentes que estremecen las entrañas
del infierno que me gana y gana.


Mi tiempo envejece,
mis pasos se acortan.
Levanto la cabeza buscando respuesta.
Ante mí, el recuerdo de tu mirada se borra.


En el silencio de mi pasado,
junto un oscuro,
añejo y malhumorado camino,
mi cuerpo se llena de vacíos que piden auxilio.


Soy un presente sin destino,
una sombra en el olvido,
el pequeño recuerdo que soporta la amapola.
Un algo, que se deja morir a solas.