lunes, 24 de noviembre de 2014

A vosotros, mis artistas.






Rechazo dejar al tiempo que marcara la humildad de mi historia, inmerecidas alabanzas de hipócritas fantasías,
decoradas opiniones que digan todo menos la verdad.
Me niego, viejos y nuevos sabores,
sonidos de escusada satisfacción.
No, no soy capaz de falsear mis letras,
esconder mi cara, acallar mi cariño y mi rabia.
No, no puedo ocultar mi pesar,
…ni puedo, ni tampoco quiero.
¡Qué coño!


Puntualizado esto con el descaro típico
con el que me permito parir sobre vientos y papelitos,
tinta, vida, sentimientos sinceros.
Dejo una risueña sonrisa,
 constancia de mi orgulloso bien estar
en esta época de ignorancia inyectada en la yugular.
Apacible y cálido recuerdo que me llena de orgullo
 esa voz que nace en la cima de mi mundo.
Vosotros, poetas, pintores, actores, músicos, novelistas,
…a vosotros, incluso a  los que aún no os reconocéis en sí mismos.
Vosotros, sois la quietud,  la luz, parte del alma en mi ataúd.







Dedicado a ese gran número de amigos de la cultura en general. Amigos sin fronteras, almas que jamás se resignan y nunca mueren, navegando sobre la marea de la inmortalidad, donde cada día, crecen y crecen sin parar.