viernes, 23 de diciembre de 2016

Bagatelas. Un poemario intimista y personal.



Para poder hablar de Bagatelas con propiedad, me da la sensación que tendría que conocer de manera más personal a su autor. Carlos Javier Cebrián, que ya lleva unos añitos en esto de teclear, antes, de escribir (los tiempos cambia el modo, no la esencia). Como tan personal como me llegan sus versos, no lo conozco. Me voy a centrar en lo que me llega de sus letras, y ojo, hablando como  lo hago siempre, ya que a mi eso de la métrica, los estilos, etc. pues como que me la pela bastante, tanto a la hora de escribir, como a la hora de leer. A ver, cada lectura es como el vino, te gusta o no, y a mí por lo menos, me la trae bastante floja que su denominación de origen y añada, diga que es la re-ostia de bueno, regular, o malo. Tiendo a no dejarme llevar por terceros, sobre todo cuando el que se lo va a meter, o mejor dicho, se lo ha metido entre pecho y espalda, es un menda. 

Bagatelas se lee tan rápido que invita a volver al comienzo, y esta vez con algo más de reposo, volver a empezarlo. He oído decir de él que es un libro cuidado y serio. Estoy de acuerdo, y añadiría que meditado, maduro, e incluso algo pícaro y sensual. 

Tal vez, y pese a ser paisano de Cebrián, por falta de tiempo, porque hay mucho, mucho, mucho, y porque no ha caído en mis manos. No lo he leído tanto como se merece, por lo que siento que tengo mucho pendiente con él, y que me apunto como tarea, en esa libreta del por hacer, y pronto.


Me he tomado la libertad (soy un osado), con el fin de que se pueda entender mejor aquello que digo sobre lo personal que me han resultado las tripas de Bagatelas, de colgar estas líneas que considero demuestran a la perfección aquello de lo que hablo, de lo que me llega, de lo que siento. ¿Sobre si lo recomendaria? Por supuesto, siempre que uno se desnuda de verdad, vale la pena, ya que la autenticidad pocas veces queda visible, y cuando eso ocurre, creo que merece toda atención. 

sábado, 17 de diciembre de 2016

En un mundo.




En un mundo desarrollado y avanzado, 
donde las cosas en su lógica están claras. 
Un mundo sencillo y llano, de querer poder.
Lo complicamos, despiezando al humano en cuartillas 
como si unos valieran más que otros por lo que tienen, aun cuando sea heredado, 
jamás, por lo que son o han demostrado. 
En un mundo tan normalito, nos apuñalamos con cuchillo, 
como si disfrutar los minutos no fuera de por sí un lujo al que llamar milagro.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Vieja loca.




Viste los gatos con trajes de lana
que ella mismo teje,
aquellos bichos coloridos
parecían y parecen demoníacas figuritas.

Siempre la tuve como loca
y a sus gatos como fieras camufladas,
capaces de emerger bajo aquellas
prendas para comerse las almas.

Culpan las vecinas a la soledad de sus manías,
y a Dios, el permitir parirla.
Más rápido van las lenguas que mis ojos,
y  mucho más sus voces que todos los sueños.

Cae la noche, y con ella, las sombras regresan,
y la loca en su casa teje que teje para sus gatos, hoy,
un disfraz de triste payaso, dejándose la vista junto la vida,
cerca de la persiana donde todo, antes de empezar, termina.

Un gato en la calle, por la acera
camina disfrazado de Spiderman,
los señoritos perros le miran y le temen.
Su dueña es la loca y, parece que lo saben.

¿Qué será de esas bestias de pelo y lana,
el día que la vieja termine en una caja de madera larga,
y no sepan las vecinas a quien culpar de nada?,
¿Qué será de ellas, sus trajes y la casa?

Hay tanta loca como loco en mi tierra, como en el planeta,
les llaman viejos, algunos, hasta momias.
Viven por inercia y mueren sin que nadie se entere,
junto los gatos que hoy, van de dibujos animados.



martes, 6 de diciembre de 2016

Terminado (por fin) y empezando (con mucha ilusión)




Terminado, y por fin. Un imperio para Aníbal, libro que me regalaron como novela histórica, que son, junto las de humor, mis prefes. He perdido la cuenta del tiempo que me ha costado terminar con él pese las ganas enormes por perderlo de vista.

No diré que se trata de una mala novela, porque lo que está claro, es que gustos, como colores, hay para todo, eso sí, al mío, ni se aproxima. Esta novela (es mí opinión), si en lugar de escribirla un hombre lo hubiera hecho una mujer, se vendería como lo que es, del corazón, en un contexto histórico como fue el del imperio cartaginés, pero del corazón, y además, de las pastelones pastelones. puede resultar ridiculo, pero, por lo menos es mi impresión, cuando una mujer escribe dentro del género histórico, y por buena sea la novela, siempre se ofrece como del corazón, menos claro esta, que no salga ni una miajita de amor. Insisto, según mi parecer, al que hacer hay que hacer el caso justo. 

Verán, a mí, que los protagonistas seas siempre altos, guapos, limpios y dignos, incluso en aquellos días donde el jabón ejem, ejem… pues como que me chirria. A mí lo que me va, son las historias con gente de verdad, los que se despeinan, follan de normal a regular, que no nos engañemos, viene y venía siendo lo normal, sobre todo cuando la mujer, aunque fuera la que uno quiere, pintaba bien poquito y el polvo era para lo que era. Si, me van los personajes que hablan con la boca llena, porque en aquellos entonces, ¡oiga! pues como que se hablaba con la boca llena, obviamente, el que tenía con qué llenarla. 

En fin, a mí que me gusta cuando leo, que me hagan aprender, soñar o reír, con este libro, ni lo uno ni lo otro ni lo que le pueda seguir. Pero ojo, a mí, gracias a Dios somos muchas almas sobre la tierra y gustos hay, como ya dije, para todo. 

He dejado atrás uno ¡por fin!, y he cogido otro. Dicen que es lo mejor para evitar traumas, ya saben, lo de coger al toro por los cuernos si es al toro a lo que se tiene miedo. No sé, puede que sí, o puede que no, de ello resultado. Pero yo sí lo he cogido. Sólo llevo unas páginas (soy de leer bastante lento), pero ya puedo decir que promete, reír, me ha hecho reír, y eso para mi, en una buena lectura, es casi fundamental. 

Ustedes no me ven, pero puedo asegurarles que tras leer las primeras páginas y gritar un buen ¡Coño!, he vuelto, no sé si decir que a respirar es lo que mejor lo describe, pero si no lo es, se asemeja bastante. 


Y me da, que con; "De ámbito sexual", arrepentirme, no me voy a arrepentir...menuda es la Espe, su prota :-)

lunes, 28 de noviembre de 2016

Extremadura.




Cuan gloriosa 
tierra aquella 
de conquistadores
y encinas. 
Que buena ella,
que hace 
suya la sangre 
y también la pena, 
de quienes sin 
quererlo atrás la 
dejan, en busca 
de un presente
con mayor fortuna.

Como la nueva
raíz a la vieja
tierra, el extremeño 
siempre será 
extremeño.
Da igual lo
amable que sea 
la madre que le 
adopte, da igual
lo complaciente 
que se muestre
el padre que 
hoy le quiere.

En sus huesos 
un solo apellido.
En sus entrañas,
pueblos de tierra,
aire y río.
Acento claro,
sin prisa y cólera.
Extremadura morena,
guapa y pura, 
de buenas aguas 
y corriente muda.

En el rocío
de su mañana 
y aquel calor 
que aún hoy
les derrumba, 
el recuerdo de 
sus nanas,
amamanta  la risa
y su lúcida lágrima.

Cuando gloriosa esa tierra, 
orgullo de quienes
la sienten bajo los pies 
y en el alma,
…frente los ojos
y, tras la eternidad
de su espada.



2º puesto.

http://fussioneditorial.com/blog/antologia-de-relatos-de-fussion-editorial/



miércoles, 23 de noviembre de 2016

Menuda broma de mierda.




He salido del oculista convencido que soy adoptado, que no soy el que siempre pensé ser. Resulta que la miopía y el astigmatismo son hereditarios, pero mamá, papá y la abuela tienen hasta la fecha una vista agudísima, en cambio yo, media dioptría en uno y entera en el otro. ¡Qué desgracia más gorda la mía! ¿Quiénes serán mis padres en verdad? a lo mejor resulta que vengo de una familia de artistas callejeros y he pensado siempre que lo más interesante que han hecho mis antepasados ha sido enseñarse a nadar en una acequia de regar.

Logre desconcertar de tan desagradable asunto (el de la adopción), tras hablar con mi amiga Rafi y exponerme esta la idea de gastar una broma a la Gertru. –¿Creamos en facebook un evento falso, la invitamos, y a ver si se presenta?
-Que mala eres jodia- le dije, y es que la Rafi tiene más peligro que un mechero en un polvorín.
-Ya, lo sé, pero qué me dices, ¿lo hacemos?
-Vamos a ello. ¿Qué has pensado?- pregunté muy intrigado.
-Noche temática en la cafetería del tanatorio viejo, tema. “A la muerte de todo menos luto y tristeza” avisamos que hay que presentarse disfrazados de pistolero o cabaretera, hablamos con la peña, que todos confirmen asistencia pero ni se asomen por allí, y tú y yo lo grabamos para luego compartirlo por las redes y partirnos la caja.
-¿Y si no aparece?
-Habremos perdido una noche, pero ¿qué es una noche en la eternidad?

Su convincente argumentación alejó toda duda y esa misma tarde ya pululaban por facebook las invitaciones al ficticio evento. A la hora de colgarla y previo aviso al resto de colegas, habían confirmados al evento setenta y tres personas, media hora después, la Gertru era una más en la cuadrilla que se suponían asistirán a la fiesta. Por whatsapp la Gertru me preguntó. –En el tanatorio, ¿habéis hablado primero con ellos del tema no fuera a ser que se molesten?

-Por supuesto mujer, como se iba a organizar algo así sin  previa autorización- estaba respondiendo y los ojos me lloraban de las risotadas que soltaba. Luego, también por whatsapp (que la pela es la pela) avise a Rafi. -¿Ha picado?-, dos caras muy sonrientes fue la confirmación de que Rafi se daba por enterada.

La noche de autos, ósea, la de la broma, Rafi y este menda, con un frío espantoso, aguardamos con una camarita en mano la posible llegada de la Gertru camuflados en la terraza exterior que tenía la cafetería del tanatorio viejo. Con poco más de un cuarto de hora sobre la acordada, yo y la otra ya teníamos los moquitos como estalactitas por el dichoso frío, apareció su coche en el aparcamiento que llevaba a la entrada principal. Conociéndola y sabiendo de su maniática puntualidad, ese retraso era sin duda adrede, mera y pura inseguridad, y quién podría culparla, eso de presentarse disfraza, en su caso de cabaretera rojo pasión, en el tanatorio sin ir acompañada… jodio, jodio.

Pese llegar algo tarde, dudó, y nosotros nos cagamos cien veces en su madre. Se quedó en el interior del coche un buen rato, desde nuestra ubicación no la veíamos bien, pero notamos cómo giraba el pescuezo cada vez que veía o escuchaba que alguien se movía por fuera. Hubo un momento donde pensamos que la perdíamos, que se marcharía sin poner la patita fuera de su coche, entonces me llegó un whatsapp de ella. -¿Dónde estáis?
Con los dedos entumecidos y con gran esfuerzo le respondí. -En la cafetería del tanatorio viejo, arriba, ya estamos casi todos ¿Dónde andas tú?
-Ok, ya llego.
-Prepara la cámara que por fin sale- dije a Rafi cuando leí la respuesta de la otra.

Un impuntual accidente ocurrido horas antes en el circo ambulante que llevaba una semana llenando los lavaparabrisas de los coches con publicidad, precisamente aquella noche en la que pusieron la entrada al 60% para todos los que fueran disfrazados por aquello de halloween, mandó todos nuestros planes al traste.

El fallecimiento del trapecista al partirse el cuello en un aparatoso picado que no logró frenar una más que remendada red. Dejó desconsoladas a la mujer y a la amante (trapecista y taquillera del mismo circo), y a los seis hijos que entre ambas sumaban. Y también llenó el tanatorio de zombis, vampiros, payasos, vedettes, policías enanos y enfermeras zancudas. Y entre todos ellos, llegados casi a la par, la Gertru con una enorme sonrisa. ¡Puta suerte la suya!

Para seguir sumando una casualidad que más bien parecía una putada echa a la medida, Hank, el trapecista de los cojones, era de esos cachondos que había dejado por escrito que el día que la palmara, no quería lágrimas, si no alegría y tequila. El tío que explotaba la cafetería estaba que no cagaba, le faltaban manos para servir y eso que llamo a la mujer y la cuñada para que le ayudarán.

El ambiente distendido y festero, hizo subir a quejarse a amigos y familiares que velaban a otros difuntos, pero todo el que subía a la cafetería, ya no bajaba, la priva era por cuenta de la viuda, y hay que ver que buenos y prietitos estaban todos los currantes del circo, hasta los payasos engañaban cosa mala, sus amplias ropas y feo maquillaje no hacían justicia a los cuerpazos que se gastaban, y allí, en la cafetería, la pena era menos pena.

-¿Y ahora qué hacemos?- pregunté helado de frío.
-Si entramos y nos ve la Gertru sin disfrazar se va a dar cuenta y la que se va a partir de risa va a ser ella de nosotros.
-Sí, eso lo tengo claro, pero es que me meo- dije con el baile del tal Sambito.
-¿Qué crees que hacía yo agachada junto la jardinera aquella?- dijo Rafi señalando hacia una esquina.

La Gertru se lo pasó de cine, tonteo bastante con una momia y terminó ligando con una especie de hombre lobo despeluchado. Cerca de las cuatro de la madrugada fue cuando por fin se marchó y pudimos dejar aquel puto y asqueroso balcón, o terraza, que cada cual le llame como le salga de la gana. Todavía noto el frío mordiéndome los huesos, dos horas y pico me costó entrar en calor y poder estirarme, lo dicho, una noche de mierda como espero no tener jamás otra.


Al primero que me diga de gastar una broma o me mencione el tanatorio sin haber de por medio un fiambre conocido o con claro compromiso grrr… le muerdo.