Sobre un solitario horizonte pinto colores y sonidos, salpicando de vida el destino, de sangre las lágrimas y, de esperanzas los suspiros. Entre los dedos escapa la tierra envuelta en remolinos, arañando la carne que antaño fue importante. A azada creció el pueblo, la palabra y el sacrificio. Hoy mudos buscan consuelo, entre aquellos que lo vivimos.
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