viernes, 13 de diciembre de 2013

Entregándome a ti.


 

Cual alfombra de pétalos,
a tus pies extiendo la vida,
cargada de mimos y caricias,
ruego a los cielos y sus protagonistas,
por no olvidar jamás tu sonrisa.
 
 
Me levante mientras dormías,
a la oscuridad venció la mirada
con la que te abrazaba,
sin ruidos dispersos,
tuyo el aliento y mis besos,
sabor de primavera mojada.
 
 
La obligación y el trabajo,
me arrebatan de tu lado,
agradecido sabiéndome afortunado,
al ser solo unas horas,
aquellas que me alejan de tu lado.
 
 
Fallecido el medio día,
se avecina la tarde
que ya se da por perdida,
ante el fragor de mi deseo,
no escondo la alegría,
ni camuflo el miedo,
que alerta me mantienen,
sobre la cima del suspiro
que ante ti desciende.
 
 
Tras la puerta que la noche recoge,
acurruco mi cariño
respirando con alivio,
alejando lo vulgar que ofrece el pesimismo,
viéndote con migo,
prometo al destino,
que nunca escatimare esfuerzos,
mientras seas tú el motivo.
 
 
 
 
 
 
 

martes, 10 de diciembre de 2013

Amaneceres del siglo XXI




Muchos son los días
en los que ya me levanto,
cagándome en la santa madre
de dispares hijos de mala puta,
de esos que pululan sin bozales
y atacan espaldas desnudas.
¿Fijación, incomprensión, costumbre?
Ni idea, unos me aseveran
que eso me pasa por ser un cascarrabias,
otros dicen que tan solo es una etapa,
en cualquiera de los casos,
a ulcera no me llega,
inmune ya con tantísima mierda en la vena.



Patraña tras patraña,
nació este cretino siglo veintiuno.
Con zarpas afiladas,
saliva agria y avaricia incontenida,
las calles se nos llenan de almas mudas
mientras el lujo se concentra en indecentes bolsillos,
en arcas que no lo precisan.
Caminando de espaldas,
hacemos religión de la necrofilia,
capricho de la mentira,
altar entre altares,
clavamos las rodillas ante la hipocresía.



Y en mis manos hoy heridas,
entre estos dedos sin fuerza,
mis lagrimas son subastadas
por la propia y estúpida desdicha.
No sé cómo definir
cuanto creo ser capaz de sentir
en estos días de improperio,
de embuste, de miedo.
De mis labios como del lapicero,
rabia y coherencia se asocian
buscando de una época su justo entierro.


domingo, 8 de diciembre de 2013

¿Que os parece como anuncio para optica?. El titulo del relato es "De compras por el súper" de mi primer libro.


 
 
- ¡¡¡AAAAAaaaaaa!!! Que daño. ¿¿¿Pero qué hostias???
 
- Perdona, un reflejo.
 
- ¿Un reflejo? ¡¡Me has mordido el pezón derecho!!
 
- La pasión.
 
- ¿Que pasión? Si estuviéramos en materia, pero aquí, en el súper, en el pasillo del papel higiénico.
 
- No sé nena, un arrebato, no es para tanto.
 
- ¡¡Como que no es para tanto!! Si no me lo has arrancado gracias al Wonderbra y al abrigo de piel de conejo, imitación a visón.
 
- Te quejas de nada.
 
- ¡¡Joér!! ¿Por nada? Si aun estas escupiendo los pelos que has arrancado.
 
- De novios no te quejabas tanto.
 
- ¿De novios? ¡¡Pero si yo a usted no le conozco de nada!!
 
- ¡¡Como!!... perdón, perdón señora. Al final va a resultar verdad eso de que necesito gafas.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Tiempos confesos.



 
Brazo inexperto
que rompes el tiempo,
azotas la noche,
sufres el deshielo
deambulando ciego,
sin parar un instante
a corregir los tropiezos
que tiñen de negro
ideales y esfuerzo.
 
 
 
Sorben las raíces el muerto,
alimento
de agonía e improperio,
historia sin vuelo y universo,
derramando de la esperanza.
Su aliento.
 
 
 
Labra vena fuegos,
conjetura de polvo y viento,
milagro mal pintado
a brocha gorda y dos manos,
en la falsedad oculta del lienzo,
réquiem de un pueblo confeso,
de vientre a dedos.
 
 
 
Empezar de nuevo.
¿Sueño, lujo, desperdicio?
Como ostia saberlo.
Seguro solo,
pelo, uñas, carne y vísceras,
se arrancaran al mismo,
los de siempre,
desgraciados de su embargado presente.
 
 
 
Avaricias en el aire,
fragancias de vergüenza y hambre,
no creo palabra,
promesa,
intenciones que arden confesas.
Castillo de húmeda arena
para quien pretende ser alguien,
en la idiotez parasitaria
que como el futuro marca,
por igual,
terminara enterrada.
 

 

 

 

 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Con la lengua mordida.




Son muchos y dispersos
los momentos que invaden mis días y sueños,
atormentando la paz que labra este camino con final descrito.
Son muchos, demasiados,
para mi humilde capacidad de asimilar,
teniendo claro como tengo,
que si de verdad quisiéramos navegar,
arrojaríamos sin contemplaciones por la borda
cuanto lastre absurdo sobra.


No pasa un día,
ni uno solo de estos que sumo y resto,
en el que no me cabree por dentro,
que no me pregunte el cómo y su porque.
No pasa uno,
que de día o rompiéndome el sueño,
me insista impertinente.
 Como si en mi mano estuviera
cambiar este mundo ilógico y engreído,
ya que habiéndose perdido el más común de los sentidos,
no nos queda más que la siempre confusa fe.


Con la lengua entre dientes y muelas,
sorbo de mi silencio la desnuda desidia
con la que la carne se agria sin reconocerse en sí misma.
No son las escusas,
 más que ensayos repetitivos de un mundo,
de mil épocas,
de sonidos trasformados en cerebros que se tiñen de disculpa.
Inmovilizada la lengua,
callo eso que dentro revienta,
convirtiendo mi sangre en letras.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Cuándo dañas.







Dispuesto a olvidarte, cierro el alma,
el miedo cobarde correrá por mis lágrimas. El reflejo de tu recuerdo, llaga mi cuerpo, estigma hiriente, pese convencerme, no comprendo ni te alejo lo suficiente.



Me pasan los días sin aliviar mis carnes, su carga de pena,
una misma cara, idéntico sonido, la flor del alba se desplaza y, la vida se trasforma en perdida batalla. De cera son mis lágrimas, de agua mi sangre liviana, de tristezas visten las mañanas.



domingo, 1 de diciembre de 2013

Asediado de tonterias.


 
Limpia el agua la culpa
que recatada se esconde en el alma,
la pereza que camufla.
Calma la sed y la ira,
asediada fallece de esculpidos embustes
que enriquecen al hombre que no la bebe.
 
 
Se evapora la vida,
en la rutina muda y humilde
de una solitaria lágrima,
el suspiro se roba frío y a cuchillo,
como el aullido de la libertad
inocente del lobo furtivo.
 
 
Muros y rejas,
encierran erosionadas y en barbecho,
palabras desventuradas,
aguada la tinta,
incapaz de describirlas.
Paso la llave, cierro pestillos y,
rindió los oídos ante su grito.