Nunca
valoramos el cariño de los instantes, tramite del tiempo que por defecto se
comprende omitiendo la realidad que solo dentro se nos esconde, naciendo con
prisas y de golpe, al sentir que se pierde su roce.
Llora el
alma su encierro de negras lagrimas, aquellas que a bocanadas nos dejan ciegos sacando
el pecho su dolor más seco, pudriendo de lamentos los cuerpos que no
atendieron, dejando a su paso solo, tenues y borrosos recuerdos.
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