viernes, 19 de octubre de 2018

La desvergüenza viste, o vestía, bien.







Mucho predicar con el ejemplo.
Ejemplo,
que obligáis dé el pueblo,
ese del que vosotros escapáis multiplicando sueldos,
sin esfuerzo, sin callo, sin miedo.


Escoria.
Si, escoria,
el que no es un corrupto,
no alza tampoco su voz contra lo injusto,
callándose como la puta vergonzosa
mientras no falta sustento
en bolsillo y en boca.


De la nobleza,
de la izquierda y derecha,
del centro, el cielo,
la tierra y el cálido infierno.
Se me llena la boca de ira
viendo tanta desvergüenza,
tanta mentira,
tanta mal repartida miseria.


No tendré otra cosa,
pero cojones
para llamar a las cosas por su nombre,
hoy, me sobran.
Para ser como vosotros,
mal paridos hipócritas,
mejor me quedo con mi mal hablada,
pero sincera lengua.



domingo, 7 de octubre de 2018

Musas...

Con mi mayor musa y uno de los poemas del libro; apuntes y recuerdos del alma, publicado hace ya unos buenos años en Florida (USA)



martes, 2 de octubre de 2018

Cuando



Cuando la libertad
deja sabor a decisión,
respeto, dignidad y nunca a rencor,
se abre todo camino,
toda dirección.
Cuando la vida mete el miedo
estrictamente preciso,
tiembla el cuerpo desnudo de emoción.
Cuando te encuentro,
soy inmortal,
un dios del Olimpo,
el eco que regresa perfumado
sobre el lomo elegante y pálido,
de embravecidos pianos.

Cuando doy contigo
soy tiempo y soy camino,
cuando dejo de andar y miro atrás,
eres tú el sentido,
el único motivo
cuando ya,
los sueños arrancan de mí su suspiro.
Nunca fuiste en mí confuso miedo, 
ni por los gritos ciegos
ni por las revoluciones a dedo.
Cuando despierto, creo sentirme vivo
hasta que la realidad me aplasta
como al simple grillo,
sin la oportunidad de recitar
a la noche los sueños y los amoríos.

Cuando amanece,
mis dedos te buscan como serpientes,
insisten y, solo tras desiertas horas,
se rinden.
Cuando solo un álbum
de recueros me presta tu mirada,
tu sonrisa, tu aliento. Allí, es cuando
me diluyo en los vacíos  
donde el infinito se hace negro
y mis brazos, encogidos,
se pierden el respeto,
muriendo
…muriendo desde tan adentro,
que nunca supe donde terminó la vida
y donde, el sueño.


Ilustración. Francis Morell 

sábado, 22 de septiembre de 2018

Rosa Marí.







Rosa Marí es una mujer de aliento patético,
parece haber nacido con los cincuenta y pico ya cumplidos,
pero estoy casi seguro que hubo un tiempo
en el que debió ser algo más joven.

Muchas veces, cuando salgo de casa,
evito hacer ruido para que no me salga
al encuentro con su sucia sonrisa
y esos insustanciales argumentos que tanto aborrezco.

Por la ventana del patio de luz
la observo bailar en camisón y beber vino.
Me saluda, por algún motivo me incomoda,
la rehuyó e ignoro mientras ella sigue bailando y bebiendo.

Una noche creí escucharla llorar,
me parapete entre la sabana y la almohada
para evitar oírla y, pude seguir durmiendo.
A la mañana siguiente, no hice ruido al salir.

Sí, estoy casi seguro que hubo un tiempo
donde Rosa Marí debió lucir más joven, puede,
que hasta apetitosa para según las mentes.
De aquello… si lo hubo, no queda vestigio.

Rosa Marí vive enfrente, la conozco desde hace mil años,
y si no fuera por su elevado peso apostaría la vida 
a que es la propia muerte. Sea como fuere, 
ella es feliz y yo, uno que esta porque de todo a de haber.



viernes, 14 de septiembre de 2018

Poema





En el portal de la vida, 
sus rodillas encogidas, 
los hombros gachos, 
amanece el sol, y como yo, 
esta cabreado. 
De nuevo, 
otro día, donde buscar sustento 
y algo de alegría, 
otro día, de mudo llanto 
y corto paso.

martes, 11 de septiembre de 2018

Mareas.






Aferrado a la desnudez del viento,
ante mis ojos,
una espalda que se hace fuego.
Tu cuello, blanco, tierno y largo,
despierta mis más bajos instintos,
esos, que dormitan en la bruma 
silenciosa del pensamiento,
del sueño, del poder crudo y deshonesto,
... fantasma ya, en el filo de mi aliento.


Grita mi carne, mi deseo,
chilla el suspiro que nace fiero.
Mis manos, mis labios, mi lengua.
Buscan el placer de su presa, el gozo del alma,
el amor que cada mañana, nace y encumbra, 
a este animal de larga penumbra.

Fornican mis letras al verso de su todo,
a la palabra de la nada, a la prosa desarmada.

Recreado en los gemidos
que desordenan el espíritu de mi conciencia,
saboreo su palpitante savia.
Secreto de no ser nada en un aire 
que camina a grandes zancadas
y que, con pequeñas muecas. 
Cicatrices ya de mi espalda,
recuentan la farsa amarga que grita 
a la par que calla, 
cuando mis manos te toman 
entre aquellas sabanas.










viernes, 7 de septiembre de 2018

Mi pueblo.






Soy de un pueblo, podía ser de otro, pero no,
soy de este, de este que cada día me alumbra
y en el que cada día, recorro sus soles y sombras,
siendo el uno del otro, todo.
Ni mucho, ni poco, todo.

Aún huelen sus rincones a verano
cuando el invierno le hiere con esos golpes mancos
y aquellos aires sordos e impertinentes.

Podía ser de otro, pero soy de ese,
donde las palmeras susurran a sus gentes,
y a todo aquel sol, y a toda aquella luna,
y a esa dama, ¡ay… esa dama!
que sin estarlo nos mendiga.

Apenas amanece en esta tierra mediterránea,
cuando los críos se desperezan y las mujeres abren la ventana,
para que les entre la alegría y les entre la esperanza.
A la par de aquel sol que desde tan alto se brinda
e, infinitamente caballeroso, se inclina.

De su Arrabal a su centro,
y de este a Carrús, Altabix o al mismísimo infierno.
Soy de este pueblo, este, de verdes y azules eternos,
repleto de gentes y muerto de momentos,
que a su patrona estremecen, con ese cantado talento,
que nace en Santa María y se bate contra el tiempo.

Podía ser de cualquier otro, pero de los muchos bonitos,
de los muchos vivos, de los muchos que soñar puedo y quiero.
Soy de Elche, y no creo poder sentirme tan contento,
siendo de este y no de aquellos otros que, sin ser feos,
sintiéndolo mucho, no son mi pueblo.